Crítica de ‘Pacific Rim: Insurrección’: Y los monstruos y los robots dejaron de ser honestos

Crítica de ‘Pacific Rim: Insurrección’: Y los monstruos y los robots dejaron de ser honestos
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Las críticas de Pablo Cózar: Pacific Rim: Insurrección

Guillermo del Toro no es la persona más afortunada a la hora de mantenerse en proyectos a largo plazo. Hellboy 3 nunca llegó, y a cambio tenemos un reboot. Konami se suicidó como empresa de videojuegos cuando canceló su Silent Hills en colaboración con Hideo Kojima. Peter Jackson le dio una patada en el culo para destrozar El Hobbit, y la baja taquilla y los retrasos de Pacific Rim le sacaron de su secuela. Aunque claro, gracias a esto acabó dirigiendo La forma del agua y ganando un Oscar. Pese a no ser un exitazo, Pacific Rim cuenta con una legión de fieles seguidores y con el honor de ser una de las películas de monstruos y robots gigantes más honestas que existen. Con todo esto llegamos a Pacific Rim: Insurrección; sin Guillermo Del Toro, sin Charlie Hunnam y con un descenso en los valores de producción a niveles de Power Rangers.

Pacific Rim puso el listón muy alto dentro del mundo del Kaiju (en japonés, literalmente, bestia gigante). Era una película honesta con una premisa muy simple: monstruos colosales salidos de las profundidades del océano, luchando a muerte con robots gigantes construidos por humanos en una guerra sin cuartel, rodeados de mares lluviosos, noches de neón, diseños abrumadores y un gusto en las escenas de combate en la que el espectador podía notar el peso de las máquinas y la complejidad de su manejo. Todo eso ha desaparecido en la secuela. El estilo visual de Guillermo del Toro ha dejado paso a un mundo luminoso donde los Kaijus y los Jaegers denotan su naturaleza infográfica, llegando por momentos a parecer una producción televisiva.

La falta de estilo visual va acompañada por un desastre coreográfico; donde antes el espectador sentía la enormidad de los colosos luchando y haciendo suyo el entorno de forma inteligente, ahora ve un amasijo de hierros, cristales y gigantes saltarines sin ton ni son. Tampoco acompaña el diseño de los nuevos Kaijus, lejos del carisma de la primera entrega, o que los nuevos Jaegers parezcan sacados de un concurso de ilustraciones entre aficionados. Uno de los nuevos robots parece un hijo abandonado de Patlabor y Evangelion, y precisamente de esta misma se saca la idea de la producción de modelos en serie.

Pero los problemas no son sólo técnicos y estéticos. La historia de la primera entrega no es que fuese nada del otro mundo, pero era clara, honesta y directa. Y por si fuera poco estaba poblada de un mundo vivo, orgánico, lleno de personajes secundarios con personalidad que le daban volumen y ,por momentos, robaban la atención del espectador. En Pacific Rim: Insurrección todos estos elementos han pasado a mejor vida, algunos secundarios no tienen más de tres escenas y su aportación es casi nula, los nuevos protagonistas no están a la altura y la historia principal es un sinsentido donde van sucediendo cosas según convienen en lo que parece el festival del Deus ex machina.

El cambio de director pesa demasiado. Pasar de Guillermo del Toro, y su extensa experiencia, a Steve S. Knight es pasar de la noche al día. El productor de la primera temporada de Daredevil debuta en el mundo del celuloide después de dirigir algún que otro episodio televisivo, y el resultado deriva en una falta de ritmo y de personalidad evidentes, a ratos más cercano a una imitación de Michael Bay que a otra cosa. No corre mejor suerte con su guión, aunque en este caso hay que repartir responsabilidades con Emily Charmichael, quien estará detrás del guión de Jurassic World 3, Kira Snyder, cuyo trabajo más destacado es un episodio de El cuento de la criada, y terminando con la colaboración del habitual de la saga El corredor del laberinto T.S. Nowlin. En el apartado musical Ramin Djawadin deja la batuta a Lorne Balfe (Megamind), quien no consigue ni de lejos acercarse a la personalidad del tema principal de la primera entrega.

El reparto quizá sea lo más salvable de la película. Por un lado tenemos a un John Boyega (Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza) que parece dirigir bien su carrera hacia el mundo del blockbuster, aunque roza el histrionismo en alguna ocasión. Por otro lado tenemos el debut de Cailee Spaeny, quien realiza el mejor trabajo de la cinta y que, si sabe elegir bien sus papeles, tiene un prometedor futuro por delante. Para terminar las nuevas incorporaciones hay que destacar el fichaje de Scott Eastwood (Escuadrón Suicida, Fast & Furious 8) que soporta el papel de guaperas sin destacar, a la vez que demuestra que el parecido físico se hereda pero no el saber llenar la pantalla. Entre los actores que regresan  tenemos a una desaprovechadísima Rinko Kikuchi, quien es ninguneada en la película, algo que también ocurre con Burn Gorman (Torchwood) y Charlie Day (Cómo acabar con tu jefe).

En conclusión, Pacific Rim: Insurrección es un paso atrás en el género, se sitúa en la misma liga que la última versión americana de Godzilla y tontea con entrar también en la del último largometraje de Power Rangers. Con unos personajes planos, un guión digno de un fanfic y un apartado visual pobre el futuro de la franquicia no es alentador. Cuando la propia productora tira a la baja las previsiones de taquilla es porque saben el tipo de producto que tienen entre manos. Es una lástima que el legado de una de las mejores películas del género se vea arrastrado a la mediocridad por su secuela, pero ya pasó con la continuación de Independence Day. Es complicado juzgar Pacific Rim: Insurrección sin compararla con su predecesora pero, sí hay que ceñirse a esa idea, lo mejor se puede decir es que es una entretenida película vacía de contenido y de personalidad estética, no se hace larga y sirve para matar el rato. Aunque, personalmente, habría preferido pasar dos horas viendo el póster que realizó Yoji Shinkawa para la primera entrega.

5

Puntuación

5.0 /10

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