Aquí están los entremeses de la segunda temporada de ‘Santa Clarita Diet’

Es un hecho incuestionable que las plataformas de streaming no solo han cambiado la forma legal de consumir series de televisión, sino también de producirlas. Sin entrar a enumerar ahora todo el catálogo de producción propia de Netflix, lo cierto es que raro es el caso en el que la empresa no ofrece la oportunidad de una segunda temporada a una de sus series. Y por esa razón, y coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa, llegan ahora a nuestras pantallas nuevos episodios de Santa Clarita Diet. Con los cinco primeros episodios que hemos podido ver, volvemos a los suburbios californianos, al costumbrismo de barrio pijo y a la comedia de gore soft.

Lo primero que hay que dejar claro es que los fans de la primera temporada podrán seguir disfrutando en esta segunda entrega tal y como lo hicieron el año pasado. En esta nueva tanda de capítulos encontramos algo que puede considerarse a la par un acierto y un fallo: por muchos cambios que hagan todo sigue igual ¿Es esto algo bueno? Sí, a estas alturas no es una mala opción la continuidad ¿Es esto algo malo? También, porque apunta a posible crisis creativa y de agotamiento del espectador si abogan por realizar una tercera temporada y no alteran un poco la fórmula.

Drew Barrimore (E.T., Los Ángeles de Charlie) vuelve a encarnar a una Sheila, que sigue sin controlar del todo su estado de no-muerta, dando pie a situaciones  similares a las que encontramos en la primera temporada. Sin embargo,no podemos poner ningún pero a su interpretación, puesto que la actriz sigue siendo de lo mejor de Santa Clarita Diet. Caso distinto es el de Timothy Olyphant (Hitman, La Jungla 4.0), quien si bien nunca ha sido el mejor actor dramático, tampoco ha mejorado demasiado su pobre perfil cómico. En el caso de Olyphant da igual lo ancha que sea la línea que separa el histrionismo de la sobreactuación, él la salta y se queda largo. El resto de secundarios sigue en su línea. Liv Hewson (Dramaworld) mantiene su buen nivel como la hija envuelta en el caos que supone que tus arcones frigoríficos estén llenos de carne humana. Mientras que Skyler Giscondo (Vacaciones) empieza a perderse un poco en los tópicos que rodean a su personaje. A pesar de la cantidad de pequeños cameos, se echan de menos nuevas incorporaciones que den vidilla a la serie.

Pese a todo hay motivos para la esperanza. Solo hemos podido ver media temporada, y ya se atisban algunos pequeños giros que, si son capaces de desarrollar con cierta habilididad, pueden hacer que el segundo tramo mejore sustancialmente al primero. Hay detalles que salpican, como si de Sheila arrancando carne a bocados se tratase, brotes de calidad. Es cierto que podría haberse cerrado en una temporada, y no es menos cierto que si terminan bien la presente se podría quedar en dos, pero jugársela con una tercera sería entrar en el peligroso terreno de la comedia descarriada. Y es que la fórmula, por divertida que sea, es de esas que corre el riesgo de que acabe oliendo cual cadáver pocho en la papelera.

En definitiva, por lo que hemos podido ver hasta ahora, esta segunda temporada gustará a los fans de la primera, puesto que con sus altos y sus bajos, estamos ante el mismo producto casi sin alterar. Celebremos que en la ficción televisiva de hoy día se pueda ver una comedia gore que no ahorra en sirope rojo ni en generosas raciones de humor negro. Solo por eso merece la pena darle una oportunidad.

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