Crítica de ‘Lady Bird’: Vuela, vuela, pajarito

Crítica de ‘Lady Bird’: Vuela, vuela, pajarito
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Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Lady Bird

Crecer no es fácil, se trata de ir liberando un lastre de ilusiones y expectativas para poder alcanzar una realidad que generalmente está ahí para decepcionarnos. Es un tema explotado hasta la saciedad en literatura y cine y que, sin embargo, sigue resultando interesante para el espectador o el lector porque, al fin y al cabo, todos hemos pasado por ello. Por eso no es de extrañar el éxito cosechado por Lady Bird. El debut como directora en solitario de la actriz Greta Gerwig que consiguió, durante dos semanas, una calificación perfecta en Rotten Tomatoes, llega por fin a nuestras pantallas y podremos comprobar si merece tanta loa.

Greta Gerwig no es virgen en esto de llevar historias a la pantalla. La actriz ha escrito ya varios guiones entre los que destacan sus dos colaboraciones con Noah Baumbach: Frances Ha y Mistress América. Tampoco es cierto que este sea su debut como directora, ya que en 2008 dirigió Nights and Weekends junto al también actor Joe Swanberg. Sin embargo, Lady Bird supone su llegada al mundo de la dirección y el guion en solitario. Como la protagonista de la historia, Gerwig ha decidido dar el salto y abandonar el nido de las colaboraciones.

Christine McPherson, autorebautizada “Lady Bird”, tiene diecisiete años y vive en Sacramento. A pesar de las estrecheces económicas en el seno familiar, los padres de Christine se las han arreglado para que su hija pueda acudir a un colegio privado católico. Pero Christine no está satisfecha con su vida y sueña con vivir en una casa grande, ser popular en el instituto y poder ir a una universidad de la costa este. Su último año de secundaria supone un punto de inflexión en la vida de la joven, en el que tiene que lidiar con las confrontaciones familiares, los cambios en la escuela y sus primeras relaciones románticas.

La historia no es nueva ni en la pantalla ni, acotándolo al extremo, en la filmografía de la propia Gerwig. El personaje de Christine tiene mucho de Brooke o Tracy, las dos protagonistas de Mistress America, que ella misma guionizó, y hay quien ha visto en Lady Bird una precuela espiritual de Frances Ha, película con la que Greta Gerwig saltó a la fama. Sin embargo, la falta de originalidad no es una traba para la película, porque en Lady Bird lo importante no es lo que cuenta, sino cómo es contado. Gerwig ha conseguido reflejar con sencillez y deliciosa calma el territorio gris que separa la infancia de la edad adulta, ese momento en el que la vida parece pasar demasiado despacio con una acción intrascendente, mientras que en la mente juvenil todo son cambios febriles. Christine es inquieta, pasa de la indolencia a la sobreexcitación en segundos; tan pronto odia a su madre como la defiende con uñas y dientes; y su profunda aversión por Sacramento, solo oculta el cariño hacia su ciudad. Christine no sabe lo que quiere y Greta Gerwig ha sabido darle las palabras para expresar esa desorientación, con diálogos ingeniosos, pero naturales.

Greta Gerwig se aleja, además, de los clichés de las películas adolescentes. El primer amor no es un punto y aparte en la vida de la protagonista, ni siquiera la perdida de la virginidad resulta un momento decisivo. No estamos ante una chica popular, pero tampoco ante la protagonista invisible de Molly Ringwald en La chica de rosa. No es uno de esos nuevos adolescentes “millenials” que aparecen en el cine indie y que beben vino mientras escuchan a Tom Waits. Christine es corriente, tan corriente que ella misma intenta redibujarse a base de mentiras.

No son solo las palabras las que llevan al espectador a conectar con la protagonista, y la elección de Saoirse Ronan como Christine no podía ser más acertada. A Greta Gerwig le bastaron cinco minutos de conversación con la actriz para saber que había encontrado a su Lady Bird. Ronan es honesta, con una interpretación tan carente de artificios como su rostro, que aparece ante la cámara con el mínimo de maquillaje para mostrar las marcas de acné. La actriz hace suyo el ingenio de los diálogos con desparpajo y descaro, dominando cada escena. El pulso interpretativo aparece cuando la protagonista se enfrenta a su madre, interpretada por Laurie Metcalf, una mujer inflexible que soporta la carga económica familiar. Metcalf dignifica el personaje de Marion a quien retrata agotada, frustrada y desencantada con todo lo que le rodea y, especialmente, con su hija adolescente que es incapaz de asumir una realidad. Una mención especial merece Beanie Feldstein, quien interpreta a la mejor amiga de Christine. La hermana pequeña del actor Jonah Hill tiene una breve trayectoria interpretativa casi limitada a la pequeña pantalla, pero su retrato de Julie resulta encantador. Su entrañable timidez y su cara a cara con Saoirse Ronan son una de las sorpresas más agradable de la cinta.

Greta Gerwig no pretende inventar la rueda. Lady Bird no ofrece más novedad que su franca sencillez; una historia pequeña que representa a miles de historias pequeñas. En ella reconocemos los guiones anteriores de Gerwig con los que comparte alma, pero ha sido necesario que ella tomase las riendas de la película para que, como Chistine, se diera cuenta de que era hora de alzar el vuelo sola. 

7

Puntuación

7.0 /10

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