Crítica de ‘Altered Carbon’: No todo el carbono cristaliza en diamante

Netflix puede ser culpable de algunas cosas: de fomentar el sedentarismo con su contenido inacabable, de producir algunas de las mejores series de los últimos años y de organizar los mejores eventos promocionales que se realizan a día de hoy en España. Netflix nos ha invitado a presenciar los dos primeros episodios de su nueva serie de ciencia ficción: Altered Carbon. Basada en la novela homónima escrita por Richard Morgan nos encontramos ante un futuro distópico en el que la consciencia se descarga en una batería de datos capaz de trasplantarse a nuevos cuerpos, haciendo factible la inmortalidad que no impide que la humanidad siga sufriendo. 

El primer episodio está dirigido por Miguel Sapochnick, ganador de un Emmy por el episodio de Juego de Tronos “La batalla de los bastardos”, quien en esta ocasión no se acerca al acierto que demostró en la serie de fantasía épica de HBO. Es cierto que la ciencia ficción futurista y distópica suele sufrir problemas de ritmo, pero en el caso del piloto de Altered Carbon llega a coquetear con el sopor y abraza por momentos la desidia. Cuando tienes un presupuesto y un departamento de fotografía como el de Blade Runner 2049 puedes permitirte pausas visuales, pero cuando no cuentas con esos medios no. Y no es que la serie sea precisamente pobre en lo técnico, el CGI roza un nivel sobresaliente para tratarse de televisión, pero no es tan espectacular como lo que se puede ver en cine. Además si el ritmo del piloto va a marcar el de la serie estamos ante un relato de diez horas lentas que se regodean en un intento de grandeza impostada. El encargado de dirigir el segundo capítulo es Nick Hurran, habitual en la etapa del polémico Steven Moffat en Doctor Who, quien no mejora lo visto en el piloto, sino que viene a confirmar los defectos del piloto paso por paso.

Tampoco corre mejor suerte el reparto, carente de naturalidad en cada plano. Joel Kinneman (House of Cards, Escuadrón Suicida) no cambia la cara en las dos horas de metraje. Martha Higareda no pasa de interpretar a una teniente de policía que bien podría ir directa a cualquier procedimental de Divinity. James Purefoy, Marco Antonio en la Roma de HBO, vuelve a demostrar por qué el resto de sus compañeros de reparto en la producción de época han corrido mejor suerte en sus carreras. Quizá se pueda salvar a Chris Conner (American Crime Story), quien se desenvuelve con cierta naturalidad. 

No sería justo cargar toda la culpa sobre la dirección y el reparto, cuando realmente el problema es de narrativa. Es cierto que todo, o casi todo, está inventado en el mundo de la distopía futurista de ciencia ficción y que es inevitable que un relato tenga ciertos toques referenciales, incluso guiños. Lo que no es normal es que según van pasando los minutos parezca que estamos ante un hijo bastardo de Philip K. Dick y Masamune Shirow. Esto podría no llegar a ser tanto problema si el ritmo de los episodios fuera distinto, o si los cliffhangers realmente te hicieran salir de la proyección pensando en qué día estará en línea para ver el siguiente. No es el caso.

En definitiva, Altered Carbon es una serie que peca de darse demasiada importancia a sí misma y a tomarse demasiado en serio, es culpable de querer ser una gran obra de ciencia ficción cuando no tiene los mimbres necesarios. Los guiños y las referencias están muy bien cuando son eso, no cuando haces una copia en papel cebolla calcando un poquito de aquí y otro poquito de allá. Con unos personajes que no enamoran desde el principio, con una historia poco original y con un ritmo tan pausado va a ser complicado que la serie se abra camino, sobre todo si tenemos en cuenta que el año pasado se pegaron batacazo en taquilla producciones del mismo género como la citada Blade Runner 2049 o Ghost in the Shell. Puede que encuentre su público entre los fans más devotos del género, pero no es mi caso. Llevo suscrito a Netflix desde el primer día que pudo hacerse en España, y cuento entre sus producciones muchos más aciertos que errores, muchas más series que me han hecho pulsar el botón de “siguiente” que el de cambiar de plataforma, pero en mi caso Altered Carbon no es una de ellas. No se puede acertar siempre, y por mucho que se intente el carbón no termina siempre siendo un diamante.

También te puede interesar

Un comentario sobre “Crítica de ‘Altered Carbon’: No todo el carbono cristaliza en diamante

  • el 3 febrero, 2018 a las 18:07
    Permalink

    Totalmente de acuerdo con tu crítica. Han ofrecido unas expectativas demasiado altas para lo que han hecho, que por cierto se asemeja al carácter pretencioso del protagonista… Los únicos momentos de acción resultan ser coreografías mal rodadas que ni siquiera la edición puede salvar… aunque quien sabe si tendrá su público.
    En definitiva, una lástima.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *