Crítica de ‘Coco’: Y los muertos aquí lo pasamos muy bien

Las críticas de Pablo Cózar: Coco

Desde que Pixar dejase su condición de asociado y pasase a ser comprada por Disney, el estudio ha pasado de ser la gallina de los huevos de oro a uno enfrascado en secuelas y productos que no siempre están a la altura de su fama. Pero eso no es un comentario del todo justo, puesto que en ese tiempo han sido capaces de producir clásicos de la animación como Toy Story 3 o Del Revés. Y con Coco estamos ante una película que juega en esa liga y se aleja de productos menores como Cars 3.

Y es que quizá la mano de la dirección se nota mucho en la película que nos ocupa. Lee Unkrich no tiene una filmografía especialmente extensa como director, pero quien la necesita cuando eres el responsable de una de las mejores terceras partes de la historia del cine: Toy Story 3. Siete años después de aquella nos trae, junto con el debutante Adrián Molina, Coco. La dirección en el mundo de la animación no siempre es sencilla, pero Unkrich y Molina consiguen que todo encaje a la perfección en la producción, desde el espectacular acabado visual, campo en el que a día de hoy no hay estudio que le tosa a Pixar, a la adaptación a una película vendible a nivel global de una tradición tan desconocida fuera de México como es el Día de Muertos. Porque seamos claros, en la cultura audiovisual norteamericana, más allá del excelente trabajo que realizó Lucas Arts a finales de los noventa con su juego Grim Fandango, poco hemos visto sobre esta fiesta hasta la llegada de Coco.

Molina y Unkrich también están acreditados como guionistas, acompañados por Jason Katz y Matthew Aldrich. La historia trata sobre las aventuras de Miguel Rivera, un niño que aspira a ser músico dentro de una familia en la que la música está prohibida, y de cómo acaba visitando la Tierra de los Muertos para conseguirlo.

Uno de los grandes aciertos de Disney ha sido distribuir la película en el mercado español con su doblaje mexicano; primero porque el ambiente cultural de la cinta te pide oír el acento de los actores, y segundo porque la mayoría de ellos también prestan sus voces en la versión en inglés. El reparto lo encabeza Anthony Gonzalez, quien interpreta al joven Miguel y cuya carrera se puede decir que prácticamente arranca aquí. Entre los rostros más reconocibles encontramos a Gael García Bernal (Y tu mamá también, Mozart in the Jungle) quien encarna, valga la ironía, al pícaro esqueleto Héctor. Benjamin Bratt (Modern Family, Miss Agente Especial) interpreta a Ernesto de la Cruz, el ídolo musical de Miguel y el muerto más recordado de todo México. Entre los cameos hay que destacar la presencia de Cheech Marin (El Rey León, Oliver y su Pandilla) haciendo de uno de los burócratas de la Tierra de Muertos y sobre todo el de Edward James Olmos como el viejo Chicharrón.

La música juega un papel esencial en Coco. Sin llegar a ser un musical, coquetea con el género en múltiples ocasiones. El propio personaje de Ernesto de la Cruz está basado en Pedro Infante, uno de los ídolos del cine musical mexicano de la primera mitad del siglo XX. La banda sonora original corre a cargo de Michael Giacchino, quien lo mismo te gana un Oscar por Up, que coge el testigo de John Williams en Jurassic World o Rogue One: una historia de Star Wars, o te plasma en sonidos las ideas de J.J. Abrams en Perdidos o Star Trek. El tema principal, titulado “Recuérdame”, está compuesto por Kristen Anderson-Lopez y Robert Lopez, quienes a bote pronto pueden no sonar demasiado, hasta que caes en la cuenta de que también compusieron “Let it go” en Frozen y su estribillo se metió en las cabezas de medio mundo como si del jingle de un anuncio de chicles se tratase. Pero la música tradicional mexicana también está presente, de hecho el clásico popular “La llorona” suena en uno de los momentos más emotivos de la cinta.

En conclusión, es posible que Coco pase como una de las mejores películas de Pixar en lo que va de siglo. Su espectacular y colorido acabado técnico, su reflejo y cuidados detalles sobre la cultura mexicana, una banda sonora a la altura y unos personajes memorables acompañan a una historia que no se queda solo en el viaje del protagonista, sino que naturaliza la muerte de forma que solo el Día de Muertos es capaz de hacer. Y es precisamente ese juego entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, entre recuerdos y olvidos, y sobre la memoria de los que nos han dejado lo que hace que Coco sea no solo una gran película, sino una manera inmejorable de que niños y mayores se acerquen a un tema tan complicado a veces. Para terminar solo una cosa más, como aparece al final de los créditos “el Día de Muertos es una tradición cultural mexicana de origen indígena, si quieres saber más visita tu biblioteca local”. Coco ha despertado tal curiosidad en mí sobre ese día que es posible que rebusque en un cajón a ver si soy capaz de encontrar mi viejo carnet de la biblioteca municipal.

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