62 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘The Nile Hilton Incident’: Cine de género (policíaco) con la primavera árabe al fondo

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 62 SEMINCI: 
The Nile Hilton Incident
 

A propósito de The Nile Hilton Incident podríamos abrir un interesante debate sobre cómo establecer cuál es la nacionalidad de una película. Si atendemos a su ficha técnica que se puede consultar en el catálogo oficial de la Seminci, la película es de nacionalidad sueca en coproducción con Alemania, Dinamarca y Marruecos. Su director es sueco del mismo Estocolmo a pesar de llamarse Tarik Saleh que muy de allí no suena. Por tanto, si la principal productora es de Suecia y el director es sueco, la película es sueca. A priori, parecería que no hay nada más que discutir. Pero el caso es que la película en su título hace referencia al hotel Nile Hilton que se encuentra en El Cairo, la película se desarrolla completamente en dicha ciudad, es hablada en árabe, interpretada por muchos actores egipcios y a pesar de ser sueco de nacimiento, Tarik Saleh, como su nombre y apellido indican, es de ascendencia egipcia. ¿No podríamos decir que hemos visto una película egipcia? Desde luego esa es la sensación de la mayoría de espectadores después de verla. En fin, interesante debate que celebraremos otro día. Vamos a la película.

The Nile Hilton Incident es ante todo una película policíaca de género en el más clásico sentido del término y con todos los ingredientes necesarios: un asesinato, una víctima, un asesino que el espectador conoce desde el principio, una testigo que se oculta, una serie de sospechosos, un móvil del crimen, un policía (protagonista) con un ambiguo sentido de la justicia y otros policías (aliados y antagonistas) que también tienen peculiares modos de entender y ejercer su profesión. ¿Cuántas películas hemos visto con estas premisas y el arquetípico esquema policiaco? Probablemente varias decenas o algún centenar. La novedad (o al menos peculiaridad) es que no estamos en las calles de Nueva York, Los Ángeles o San Francisco, ni siquiera en las de Londres, París o Madrid, estamos en una ciudad tan “de contrastes” como El Cairo y la policía egipcia tiene sus propias miserias no tan tratadas en el cine como las de la policía, por ejemplo, estadounidense, pero con diferencias más de forma que de fondo. El sometimiento de la policía al poder político es el mismo.

En este sentido, el manejo de los elementos del género y su traslado a la realidad egipcia es absolutamente ejemplar por parte de Tarik Saleh que conduce la película con gran fluidez apoyándose tanto en el guion como en un ágil e inteligente uso del montaje como elemento narrativo. A lo largo de los 106 minutos de metraje, regula perfectamente la información que va facilitando al espectador administrando las pistas falsas, personajes intrigantes, ambientes sórdidos como ese Club Solitaire donde todo parece ocurrir, y en definitiva confiriendo al film un sentido del ritmo que hace que nunca decaiga la tensión.

Al mismo tiempo, Saleh realiza un doble retrato del país de sus raíces familiares, por un lado muestra los contrastes entre la modernización de El Cairo más occidentalizado con el de los suburbios pobres, algunos de ellos auténticos guetos de sudaneses que viven en la más absoluta marginalidad. Y por otro, Tarik Saleh hace un fresco histórico del Egipto reciente al situar la historia en los días previos al estallido de la Revolución Blanca que tuvo lugar el 25 de enero de 2011 y que se prolongó durante dieciocho días hasta provocar la caída del poder del presidente Hosni Mubarak. De hecho, la acción del film comienza el 15 de enero y durante los días siguientes, mientras se desarrolla la trama, vamos viendo cómo se caldea el ambiente con disturbios en las calles, altercados con la policía y limitaciones del funcionamiento de internet hasta dar lugar a la segunda de las revoluciones (tras la tunecina) de lo que se dio en llamar Primavera Árabe.

En cuanto al reparto, destaca sobre un brillante conjunto, el actor sueco de origen libanés Fares Fares que interpreta al protagonista, el detective Noredin Mustafa, con el clásico aire de antihéroe al estilo de los protagonistas de la novela policiaca nórdica, hombre solitario, viudo, con un pasado un tanto tormentoso, dado a evadirse con alcohol o drogas, proclive a aceptar turbios sobresueldos en forma de accidentales fajos de billetes pero con un fondo moral que le permite distinguir el bien del mal y si es necesario, ser capaz de tomarse en serio su trabajo.

Solida película presentada en la sección oficial a concurso de la 62ª Seminci que ha sido recibida con notables aplausos en la sesión matinal del lunes.

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