62 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Soy un rayo de sol en la Tierra’: Fuera de sitio

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 62 SEMINCI: 
Soy un rayo de sol en la Tierra
 

Hay veces que resulta muy difícil entender qué criterios se han seguido para decidir programar una película en la sección oficial de la Seminci. O muy fácil, según se mire, si uno atiende a cuál es la línea programática que tanto ha cacareado el festival durante las semanas previas al inicio del certamen, a cuál es el ciclo estrella de entre las secciones paralelas y a sobre qué versaba una de las mesas de debate de las actividades complementarias del festival, puede tal vez comprender que en la sección oficial figure la primera película de una directora georgiana absolutamente desconocida que a duras penas sobrepasa la hora de duración. Exactamente 61 minutos figuran en la ficha técnica, qué casualidad, sólo uno más de los necesarios para que la película pueda considerarse largometraje y no mediometraje.

En el festival hay una sección llamada Punto de Encuentro destinada a dar a conocer las primeras y segundas películas de cineastas que comienzan en la que Soy un rayo de sol en la Tierra, el debut de Elene Naveriani habría tenido un mejor y más comprensible acomodo, pero su programación en la sección oficial me parece, cuando menos, discutible. Y no por su duración, aunque resulte llamativa, sino porque, gustos y preferencias al margen, no cumple los mínimos exigibles desde el punto de vista cinematográfico para figurar al lado de Sally Potter, Agnieszka Holland o Naomi Kawase (los ejemplos no son accidentales).

El caso es que, sea como sea, esta mañana se ha presentado en la sección oficial a concurso la película georgiana que hace el debut de Elene Naveriane y que lleva el poético título de Soy un rayo de sol en la Tierra. En ella se cuenta de manera errática las andanzas de un grupo de prostitutas en una zona marginal de Tiflis y un grupo de inmigrantes nigerianos que, al parecer, acabaron en Georgia, país de la Europa del Este, al confundirse con Georgia, estado de Estados Unidos. Una de estas prostitutas, April, y uno de estos nigerianos, Dije, dos seres marginales, solos y llenos de sueños de escapar de su situación actual, hacen coincidir sus almas y sus destinos.

Filmado en blanco y negro (su fotografía es probablemente lo mejor de la película), el film da tumbos narrativos durante sesenta y un minutos sin profundizar en los personajes ni apuntalar unas situaciones deshilvanadas en un guion con más ínfulas artísticas que propósitos cinematográficos. Y si en los personajes no hay densidad, en el guion no hay pulso y la propuesta estética no deslumbra ¿qué nos queda?, pues aburrirnos durante su metraje y dar gracias a que le haya salido corta a la directora.

No por poner el foco en gente desfavorecida, no por tener la loable intención de dar visibilidad a dos seres humanos a los que la sociedad ha dejado de lado, no por dar voz a quien no la tiene ni dar un testimonio de la dignidad de estos dos personajes se consigue hacer buen cine. Las inquietudes personales de la directora son una cosa y el resultado conseguido con su película otro.

Insisto para que quede claro, Soy un rayo de sol en la Tierra es una película claramente de festival, de hecho no creo que consiga tener presencia en otro tipo de pantallas que no sean las de certámenes cinematográficos, su presencia en el ciclo en el que está programada o en cualquier otra sección paralela me parecería correcta, mi cuestionamiento es a su programación en la sección oficial a concurso. No sé si algún día Elene Naveriani será un gran nombre del cine mundial, si es así, aquí he dejado escritas estas palabras para mi futuro sonrojo, pero no creo que su ópera prima sea recordada como una prometedora irrupción cinematográfica.

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: