62 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘El insulto (L’Insulte)’: Nunca dejes que la ira oscurezca tu comprensión

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 62 SEMINCI:
El insulto (L’Insulte)

El cineasta libanés Ziad Doueiri hace un detallado y exhaustivo repaso a los problemas de la sociedad, religión y política en el Líbano en su cuarto largometraje, El insulto, basado en la historia del Medio Oriente y las tensiones entre palestinos y cristianos libaneses.

Al más puro estilo de Doce hombres sin piedad, el drama de Ziad Doueiri traslada el estilo imperturbable de Sidney Lumet a un contexto cultural muy distinto. El escenario es Beirut, una ciudad dividida por tensiones étnicas y religiosas. Durante la renovación de la fachada de un edificio de Beirut, Toni, un cristiano libanés, y Yasser, un refugiado palestino, discuten a raíz de un problema trivial con una tubería. Acaban a gritos y Yasser insulta a Toni, que se siente agraviado y decide presentar una denuncia. Se desata rápidamente una espiral endiablada y se abre un juicio largo y ampliamente difundido en el que palestinos y cristianos libaneses saldan cuentas pendientes.

Doueiri usa la naturaleza de la parábola de la historia para abordar y explicar conflictos militares e ideológicos regionalmente específicos que incluso muchos occidentales han reunificado bajo el concepto de “Oriente Medio”, mientras que para los espectadores libaneses sirve para equilibrar la empatía y la crítica de ambas facciones.

El enfrentamiento y posterior juicio entre los dos protagonistas, combinado con el hecho de que es complicado para las personas en Medio Oriente mirar imparcialmente a cualquier otra persona, ya que cada lado ha sufrido injusticias históricas a manos de otros, crea una situación explosiva que afecta a toda una sociedad.

La forma dura en que avanza el guión de Joelle Touma es idóneo para aumentar las tensiones y proporcionar justificaciones. Inicialmente, podemos ponernos más en el lugar de uno u otro, por creer que la manera de reaccionar fue excesiva en alguno de los dos casos, incluso pareciendo ambos culpables en igual medida, pero la película es capaz de presentarnos las pruebas suficientes para que acabemos preguntándonos si no serán ambos inocentes. El insulto es la prueba fehaciente de que las guerras pueden comenzar como consecuencia de las palabras dichas cuando la pasión nos nubla el juicio.

La película muestra lo fácil que es encontrar la hipocresía en las acciones de uno mismo si tenemos que defenderlas, pudiendo acabar atrapados en una espiral de aduladores que nos haga olvidar lo imperfectos que somos, e incluso olvidar a los responsables históricos de algunas atrocidades. Muchas veces solo se necesita un grupo de personas que nos apoyen para creer que conocemos la verdad absoluta pero ¿qué pasa cuando hay grupos a cada lado?

La parte central de la película es la más interesante, con interrogatorios, testimonios y declaraciones que revelan varias versiones de la historia y subraya la idea de que la culpa nunca es algo tan claro como podría parecer a primera vista. No siempre tener razón es quitársela a alguien, ni importa quien inició un conflicto, lo que interesa es estar dispuesto a resolverlo.

El palestino Yasser Salameh es interpretado por Kamel El Basha, mientras que Adel Karam da vida al libanés católico Toni Hanna. Ambos consiguen crear un clima de tensión con sus enfrentamientos verbales que acaparan todo el protagonismo de la cinta, haciéndonos partícipes de sus miedos y odios, con una agresividad que va más allá de un mero encontronazo, y dejan patente sus respectivas ideologías. Ni el abogado libanés (Camille Salameh) ni la mujer de Toni consiguen hacer sombra a unas interpretaciones tan espinosas de personas endurecidas por su pasado y resentidas contra una población entera, pero no por ello hay que quitar mérito a Rita Hayek, quien consigue servir de apoyo a Toni, a pesar de no estar conforme con sus decisiones e intentar hacerlo entrar en razón.

La música aporta el contraste a la película, pues el director ha optado por ser más sutil de lo que cabría esperar con un tema tan espinoso, pero ese adjetivo no se puede aplicar a la banda sonora, pues la música creada por Eric Neveux, y que acompaña prácticamente todas las escenas fuera de la sala del tribunal, es directa, agresiva y crea un clima de tensión propio del enfrentamiento entre los protagonistas.

El insulto es una historia sobre el orgullo y la obstinación, y lo que sucede cuando la ira oscurece la comprensión, con un estilo fluido y poético y unas interpretaciones sobresalientes.

El insulto

El insulto
8

Calificación

8.0 /10

Pros

  • El guión
  • La música aporta el contraste
  • Interpretaciones sobresalientes

Contras

  • Ninguno

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David Pérez

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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