Crítica de ‘Spider-Man: Homecoming’: Pubertad, granos y poderes arácnidos

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Spider-Man: Homecoming

Pocos superhéroes se pueden dar el lujo de tener varias adaptaciones cinematográficas y que todas funcionen decentemente en taquilla. En el caso del hombre araña, solo quince años nos separan del estreno de la versión que Sam Raimi dirigió con Tobey Maguire enfundándose las mallas. Diez años más tarde, Marc Webb volvió a reiniciar la historia en The Amazing Spider-Man con Andrew Garfield, y ahora llega a nuestras pantallas Spider-Man: Homecoming de la mano de Jon Watts que ha dejado a un lado el origen que ya hemos visto y leído cientos de veces y se mete de lleno en la acción con un Peter Parker a quien ya vimos el año pasado en Capitán América: Civil War. Y es que esa es una de las principales diferencias en este tercer debut del superhéroe; en esta ocasión, Spider-Man pasa a formar parte del universo cinematográfico de Marvel.

Como ya sabíamos por las declaraciones de su director y sus guionistas, Spider-Man: Homecoming obvia el origen del superhéroe. Tan solo un comentario nos recuerda que todo comenzó con la picadura de una araña, pero no oiremos el nombre de tío Ben, o el destino del matrimonio Parker. La acción principal tiene lugar tras los incidentes de Capitán América: Civil War, pero la historia y el desencadenante de la villanía del Buitre empieza tras la batalla de Nueva York, ocho años atrás. De este modo el guion gana tiempo y contexto para sus personajes.

Peter Parker vive ahora entre la heroicidad y la pubertad. Es un pardillo en el instituto, enamorado de su compañera del club de ciencias, y es un héroe que cada tarde patrulla Nueva York frustrando los planes de los delincuentes, mientras espera la llamada de Happy Hogan para poder unirse a Los Vengadores. Peter es en esta ocasión más adolescente que superhéroe. Por primera vez el instituto y los estudiantes tienen peso en la historia. Peter deja de ser la diana de los abusos de Flash, que aquí no es un cachitas cabeza hueca sino un pijo mordaz, y se convierte simplemente un pardillo anónimo que pasa las noches construyendo Legos con su amigo Ned. Es la administración que Peter hace de esas dos identidades, el adolescente y el superhéroe, lo que insufla novedad a esta nueva versión. Es esta disyuntiva, unida a la personalidad cómica e ingeniosa del personaje, lo que convierte a este Spider-Man en el mejor reflejo del personaje en papel o en serie animada.

La interpretación y carisma de Tom Holland se adapta como la licra al personaje. Si Tobey Maguire transmitió un Peter Parker torpón e inseguro y Andrew Garfield uno encantador y tímido, Holland es simplemente un adolescente con la ingenuidad remanente de la infancia y la audacia que otorga la falta de madurez. Aunque acaba de pasar la veintena, Holland se las arregla para meterse en la piel de un recién quinceañero.

Pero todo superhéroe necesita un villano al que enfrentarse. Michael Keaton interpreta a Adrian Toomes quien, tras la batalla de Nueva York, ha utilizado restos de tecnología alienígena para crear nuevas armas y venderlas en el mercado negro. Parece que a Keaton le sienta el papel de villano tan bien como le sentó el de héroe cuando a interpretó a Batman en las películas de Burton, y como el buitre se convierte en un gran antagonista para Spider-Man, con quien comparte además la dualidad en su vida.

La película erra en algunas secuencias de acción que rozan el absurdo incluso para la inverosimilitud natural del género. La escena de lucha en el ferry lleva a unas consecuencias rocambolescas que deslucen algo el, por otro lado genial, guion plagado de referencias a los cómics, incluido un detalle que deja abierto el camino para una posible entrada de Miles Morales en el universo Marvel.

Spider-Man: Homecoming es todo lo que promete su tráiler, pero sin caer en los temores que este despertaba. La participación de Tony Stark en la historia es bastante menos importante y breve de lo que sugiere el anuncio y, sin embargo, se pone más peso en los secundarios, como son todos los compañeros de instituto de Peter que ayudan a crear la atmósfera juvenil que se echaba de menos en las dos adaptaciones anteriores.

Con un guion bien ligado, un humor simpático como corresponde al personaje, y un villano con motivaciones convincentes, esta nueva versión de Spider-Man podría no ser necesaria comparándola con las dos anteriores, pero es la que mejor encaja en todo lo que hasta ahora nos ha ofrecido Marvel, convirtiéndose en una pieza que encaja a la perfección dentro del puzle de este universo de superhéroes. Pero Spider-Man: Homecoming es, además, una eficaz comedia de acción que nos hará desear que esta vez el héroe se quedé con nosotros mucho tiempo.

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