Crítica de ‘Mara y el señor del fuego’: Entre Thor y la comedia adolescente

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: Mara y el señor de fuego

Mara y el señor del fuego es una trilogía de novelas, escrita por el alemán Tommy Krappweis y destinada a público juvenil que, hasta donde sé, no ha sido traducida ni al español ni al inglés. El éxito se reduce, al parecer al estricto ámbito local pero el caso es que el propio autor de las novelas ha decidido adaptar la primera de ellas a guion cinematográfico y dirigir personalmente la versión fílmica que se estrena este fin de semana en España dos años después de su producción en Alemania.

El conjunto es un batiburrillo de comedia adolescente con mitología nórdica, óperas de Wagner y drama de autoafirmación personal. Tan pronto tenemos una secuencia de instituto de esas en la que la abusona de turno empuja a nuestra protagonista como presenciamos a Sigfrido cabalgando en dura lucha con criaturas fantásticas o se habla de Thor y Loki y se menciona al Ragnarök (la batalla del fin del mundo en la mitología nórdica) que en unos meses veremos en la pantalla en la nueva entrega de la saga Marvel y que precisamente lleva el título de Thor: Ragnarok.

Mara (Lilian Prent), tiene quince años, vive con una madre un tanto pirada que frecuenta talleres de conversación con los árboles y en el instituto es la clásica apestada con la que todo el mundo se mete por sus rarezas. En una serie de ensoñaciones de límites muy poco definidos con la realidad descubre que tiene la misión de, nada más y nada menos, salvar el mundo, tarea para la cual contará con la colaboración de un profesor universitario del arquetipo excéntrico y unos poderes de teletrasportación que lo mismo la plantan en un autobús que en planeta Asgard donde Loki permanece prisionero tras ser derrotado por Thor.

Tommy Krappweis es uno de estos hombres que escriben, actúan, dirigen, producen y además son músicos en el más puro ideal de “hombre renacentista” y a pesar de que hay algún caso, incluso en el siglo XXI, cuesta creer que alguien sea capaz de hacer bien todas esas labores. Desconozco su talento literario y musical pero la producción de Mara y el señor del fuego es de baratillo y la dirección más que rudimentaria. Los efectos digitales parecen realizados con un Spectrum de 48K de aquellos con las teclas de goma que en mi generación causaron furor. De hecho, el resultado visual es más propio de una película de los 80 que de una producción del siglo XXI. Para que se hagan una idea, los efectos visuales de La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984) o Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986) estaban más logrados.

Esto, en una época en la que hasta los anuncios publicitarios tienen un poder visual capaz de dejar la boca abierta, desluce totalmente a una película bienintencionada a la que me cuesta encontrar la franja de edad a la que le puede gustar. Demasiado compleja para niños pequeños, demasiado naif para adolescentes y en cuanto al público adulto… en fin, pasemos a otra cosa.

La joven Lilian Prent resulta carismática como protagonista y aguanta el tirón aunque sea a base de repetir sonrisas y gestos de autocomplacencia y Jan Josef Liefers da vida al profesor cómplice de las aventuras fantásticas y benefactor en la vida real. El resto del reparto pasa sin pena ni gloria en una producción de esas que encajarían perfectamente entre los centenares de películas alemanas con las que varias cadenas televisivas españolas ilustran las sobremesas de los fines de semana.

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