Crítica de ‘Personal Shopper’: Suspense sofisticado

Las críticas de Cristina Pamplona “Cris Kitty Cris”: Personal Shopper

Hay películas difíciles de captar, películas que encantan u horrorizan por su complejidad; Personal Shopper es una de ellas. Y es que su crítica totalmente polarizada responde a una naturaleza extraña que convierte el último título de Olivier Assayas en un “¿qué acabo de ver?”.

¿Es Personal Shopper un thriller? ¿Es una película de terror? ¿Es un drama intimista? Pues, sí, sí y sí, todo eso es, un batiburrillo de géneros ensamblados para el lucimiento de su protagonista, Kristen Stewart, actriz que ya había funcionado tan bien con Assayas en Viaje a Sils Maria, que su interpretación le valió un Cesar a la mejor actriz de reparto.

Maureen es una joven americana que trabaja en París como la personal shopper de una celebridad. Aunque asqueada por su trabajo, Maureen ha decidido no abandonar la ciudad hasta que consiga establecer contacto con su hermano gemelo muerto recientemente, pero un día comienza a recibir extraños mensajes de texto de un remitente anónimo.

El caleidoscópico argumento de Personal Shopper es su principal magnetismo, pero también su mayor falta. Al thriller, aunque no carente de ritmo y emoción, le faltan ingredientes que jueguen un poco más con el espectador. En cuanto a su parte de película de terror, consigue una atmósfera fantasmal (sobre todo en las escenas que transcurren en la vieja casa del hermano de Maureen), pero no parece encajar con el resto de la historia y todos los datos que se presentan sobre el mundo del espiritismo, como la fascinante vida de Hilma af Klint o la relación del novelista francés Victor Hugo con círculos ocultistas caen en saco roto. Sí, que Assayas no nos desvele qué ocurre con los poderes de médium de la protagonista es un acierto, pero meter tanta información de fondo para después no desarrollarla dentro de la historia parece un malgasto de metraje.

No obstante, la película es, por encima de todo, un retrato íntimo de su protagonista en esa etapa de duelo. Solo tres meses nos separan de la muerte de su hermano, y Maureen parece haber contenido durante mucho tiempo el dolor de la pérdida y la frustración laboral. Esa frialdad casi obligada parece diseñada para la impertérrita Kristen Stewart con su desquiciante manía de entrecortar cada frase. Hubiese podido odiarla si no dejase vislumbrar en ciertos momentos un más que eficaz trabajo actoral. Es cuando Maureen deja escapar algo de esa presión que contiene, que Kristen Stewart se libera de su natural inexpresividad.

Ayuda a esta visión casi introspectiva la fotografía de Yorick Le Saux que parece rodear a Maureen. No es solo que estemos siempre con ella, es que parece que podamos sentir lo que ella siente, y esa capacidad sensorial de la cámara se vuelve más evidente en la relación de Maureen con la ropa que elige para su cliente. El cierre de la cremallera de unos botines, la caricia a unos pantalones de cuero o un arnés ceñido al pecho, hay un disfrute casi perturbador en el voyeurismo, y Le Saux y Assayas han sabido sacarle partido.

Personal Shopper tiene algunos fallos que no se escapan de la atención del espectador como son unos efectos especiales algo dudosos y cierta inestabilidad argumental, consecuencia de enfrentar lo abstracto y lo concreto, pero mantiene un magnetismo, tal vez salido de la buena combinación entre director o actriz, que hacen que se te quede pegada durante un tiempo y eso rara vez es malo.

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