Crítica de ‘Negación’: La historia a juicio

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Negación

Vivimos en la era de la información, prácticamente todo está al alcance de un clic, sin embargo, eso también nos sitúa en la era de la desinformación, con millones de documentos sin veracidad o fuentes fiables. Ser viral, corromper la opinión pública, manejar los pensamientos de los lectores o espectadores, sabemos que es el día a día de ciertos medios. De repente la realidad se ve, de algún modo, subjetiva y los hechos ya no son tal cosa. Por eso Negación no podría llegar en mejor momento y hace que nos preguntemos si la libertad de expresión es legítima cuando se trata de alimentar mentiras.   

Deborah Lipstadt es una profesora de estudios hebreos que es demandada por David Irving, un historiador que niega el Holocausto nazi. Lipstadt tendrá que comparecer ante la corte británica y probar que los crímenes nazis no fueron una invención y todo ello sin subir a un solo superviviente al estrado.

El director Mick Jackson (Volcano, El guardeaspaldas), quien últimamente ha trabajado solo en televisión y cuya última película, Temple Grandin, fue aclamada por la crítica y recolectora de premios, vuelve a la gran pantalla con esta película sobre la memoria histórica basada en el libro de la propia Deborah Lipstadt donde narra su experiencia en el juicio. La adaptación a guion corre a cargo de David Hare (Las horas, The Reader) que la convierte en un alegato a la precisión histórica en la era de la desinformación, ahora que parece que todo es cuestionable. De hecho, durante la promoción de la película, Hare no ha parado de señalar los paralelismos entre David Irving y Donald Trump en cuanto a manipulación deliberada de información con fines políticos.

Es también destacable la hermeticidad emocional que rodea todo el guion, poco propia de un tema tan sensible como las consecuencias que el nazismo tuvo para miles de judíos. Sin embargo, al igual que el plan de los abogados de Lipstadt que prescindieron de testimonios de supervivientes de campos de concentración para evitar ser tachados de sentimentalismo y esquivar las burlas de David Irving, la película no busca la compasión ni la lágrima del espectador porque parte de la premisa de que el público no cuestiona en ningún momento la realidad del Holocausto y puede centrarse entonces en desacreditar el negacionismo.

El caso de Lipstadt contra Irving tuvo lugar en el 2000 y todos sus protagonistas siguen vivos. La responsabilidad de interpretar a un contemporáneo no parece haber sido un problema para los cuatro actores protagonistas, Rachel Weisz, Tom Wilkinson, Andrew Scott y Timothy Spall. A excepción de Weisz que mantuvo reuniones y conversaciones telefónicas con Deborah Lipstadt para la construcción del personaje, los demás prefirieron no verse influenciados por sus alter egos reales más allá de entrevistas e imágenes de archivo. Ambos métodos han funcionado a la perfección, Weisz da otra de sus interpretaciones impecables en una historia que roza lo personal siendo hija de refugiados judíos. Se echa de menos más Andrew Scott como Anthony Julius, quien dirige el equipo de la defensa, pero eso es solo porque toda la fuerza de la película reside en Tom Wilkinson en el papel del abogado Richard Rampton y Timothy Spall en el de David Irving, y sus intervenciones en el juicio son lo más destacado de la película. En el caso de Spall se añade la dificultad de meterse en la piel de un villano antisemita, racista y misógino sin demonizarlo, manteniendo el orgullo necesario para que se perciba un personaje real.

Negación decepcionará a aquellos fans de las películas de juicios y también a aquellos que esperen ver algo de lo que tan magistralmente contó Stanley Kramer en Vencedores o vencidos. Negación no es una película sobre el genocidio nazi o contra sus responsables, es una historia sobre la responsabilidad de la veracidad de la información, sobre la importancia de no confundir hechos con opiniones y como con ello preservamos nuestra historia.  

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