Crítica de ‘La profesora’: El miedo frente a la dignidad (o la dignidad frente a miedo)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: La Profesora

Es muy fácil (y desahoga mucho, no lo voy a negar) poner a parir a nuestros (¿nuestros?) políticos, a los banqueros y a algunas grandes empresas que han hecho de la corrupción su modo de vida, del abuso de poder su comportamiento habitual y de la intimidación su forma de aferrarse a un status que perpetúe sus privilegios y su enriquecimiento. Casi todos los días tenemos titulares a cinco columnas en los periódicos que destapan un nuevo escándalo con el que alimentar nuestro desconcierto y dar rienda suelta a nuestra indignación.

Pero hay otra corrupción más pequeñita, a pie de calle, presente en la vida cotidiana, a la que todos, tarde o temprano, tenemos ocasión de enfrentarnos alguna vez en la vida. Se trata de pequeñas o grandes injusticias que a veces nos perjudican pero de las que otras veces, consciente o inconscientemente nos beneficiamos. Hay pequeños politiquillos o personas que por circunstancias derivadas de su trabajo se ven en una situación que les permite dar tratos de favor a discreción o discriminar a sus semejantes por la sencilla razón de que no pasen por el aro de sus caprichos. Y paradójicamente, resulta más difícil rebelarse ante esa corrupción más pequeña precisamente porque la tenemos más cerca, porque nos afecta o nos puede afectar directamente, ya no se trata de criticar al ministro de turno o al banquero que saca pecho de sus cuentas anuales mientras esquilma a sus clientes a base de comisiones fraudulentas. No, se trata de enfrentarse cara a cara a alguien que podría ser nuestro vecino, nuestro jefe, nuestro médico o la profesora de nuestros hijos.

Y precisamente en una posible profesora de nuestros hijos, sitúa el director checo Jan Hrebejk a la protagonista de esta reproducción de la corrupción a pequeña (o no tanto) escala. Estamos en la Checoslovaquia de 1983, diez años antes de la escisión del antiguo país del bloque del este en las actuales República Checa y Eslovaquia. A un pequeño colegio de un barrio de Bratislava llega una nueva profesora llamada Maria (Zuzana Mauréry), fuertemente vinculada al partido comunista que por aquel entonces gobernaba con mano de hierro el país. María establece desde el principio una particular relación con sus alumnos basada en el provecho que pueda sacar de sus padres. Las repercusiones del beneficio obtenido por la profesora redundarán positiva o negativamente en el trato y las calificaciones a sus alumnos.

Basada en una historia real, el guionista Petr Jarchovský establece una acertada estructura narrativa en la que de un momento concreto: una tensa reunión de padres con la dirección del centro, arrancan una serie de flashbacks que van completando el puzzle de una historia aleccionadora sobre la dignidad del individuo y el empleo del miedo como el arma más poderosa para amedrentar y someter a unos individuos que viven una situación de inferioridad.

Viendo La profesora me ha resultado imposible no recordar en varios momentos Doce hombres sin piedad, la obra maestra de Sidney Lumet. La reunión de padres en la que unos exponen sus objeciones mientras otros callan por diferentes motivos, fundamentalmente por miedo, evoca aquellas deliberaciones en las que la opinión de unos individuos va cambiando a medida que se introducen nuevos argumentos sobre los que reflexionar. Jan Hrebejk se apoya en este inteligente guion para manejar con maestría los tiempos, para administrar la información que va administrando gradualmente al espectador y para componer este sólido drama que bajo su paraguas sociopolítico cobija dimensiones éticas y morales de incuestionable calado. Pero tanto guionista como director evitan posicionarse, no hay panfleto, no hay lecturas obligadas para el espectador adocenado, hay una brillante exposición de los hechos a través de una impecable puesta en escena y las brillantes interpretaciones de un reparto de caras desconocidas para el espectador ajeno a Eslovaquia. La profesora se emparenta estética y argumentalmente con ese cine de los países del antiguo bloque del este que ha tratado de contar como era la vida cotidiana de las personas corrientes sometidas a vigilancia o control por aquellos que, teóricamente eran sus iguales. La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) es el primer título que me viene a la mente.

Estamos ante una de esas películas “carne” de festival, de hecho fue presentada en la sección oficial del último Festival Internacional de Gijón donde obtuvo un par de premios y también estuvo presente con notable repercusión en los festivales de Dubai, Tokio, Chicago y Karlovy Vary donde su protagonista Zuzana Mauréry se alzó con el premio a la mejor actriz.

Con una sólida carrera en su país natal, la República Checa, La profesora es la primera película filmada en Eslovaquia (y en eslovaco) de Jan Hrebejk, un director que con su primer largometraje Musíme si pomáhat (2000) conoció las mieles del éxito al ser nominado al Óscar a la mejor película extranjera. Diecisiete años después, aquella película sigue inédita en nuestro país, tal vez sería el momento de que alguna distribuidora la rescatase y, al menos, la editase en formato doméstico para poderla ver en condiciones.

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