Crítica de ‘El viajante’: Sólido drama sobre la complejidad social en Irán

Las críticas de David Pérez “Davicine”: El viajante
 

Si algo tiene Asghar Farhadi es que nunca me defrauda, y siempre logra que salga de sus películas atónito ante la sutileza con la que presenta temas tan escabrosos como la vergüenza y la humillación en el Irán actual, como es el caso de El viajante, donde trata las consecuencias morales del ataque a una mujer.

En la película nos presentan a Emad y Rana, una pareja que debe dejar su piso en el centro de Teherán a causa de los trabajos que se están efectuando y que amenazan el edificio. Se instalan en otro lugar, pero un incidente relacionado con la antigua arrendataria trastoca la vida de la joven pareja: la esposa (Taraneh Alidoosti) es golpeada por un extraño en su propia casa, y el marido (Shahab Hosseini) debe lidiar con la crisis nerviosa de su cónyuge y, por otro lado, con el sentimiento de honor ultrajado.

Con Nader y Simin, una separación, Farhadi ganó el Oso de Oro a la Mejor Película y galardones como el Globo de Oro, el César y el Oscar, y ya demostró que es un experto en dramas cotidianos en espacios cerrados, haciéndonos partícipes del dilema de los protagonistas, tratado todo ello con la solidez de su cine, y bien llevado a cabo por sus dos intérpretes habituales: Shahab Hosseini y Taraneh Alidoosti.

Tan relevantes son los diálogos como las miradas y los silencios, y Hosseini y Alidoosti demuestran que están a gusto trabajando juntos, y tienen una química y una complicidad que traspasa la pantalla. Ambos consiguen que comprendamos sus dudas hacia investigar y denunciar los hechos, con tan sólo mirarse entre ellos, y nos hacen partícipes de su problema tanto durante como después del visionado de la película, con un poso perturbador que no sólo hace que no olvidemos lo que hemos visto, sino que incluso creo que con un segundo visionado nos marcaría aún más. Tanto Hosseini como Alidoosti tienen un doble reto en esta película, pues además del personaje principal que interpretan, dan vida a los protagonistas de una obra de teatro.

El viajante es una película llena de referencias, y la más obvia es “Muerte de un viajante”, comenzando la película con los preparativos para la obra de teatro de Arthur Miller. A lo largo de las representaciones de las escenas de la obra, que se mezclan con las escenas de la propia historia de la película, repleta de similitudes, a menudo vemos la acción desde la cabina del técnico de sonido, sintiéndonos como su fuéramos el propio Farhadi observando a sus actores.

En el teatro es donde encontramos al resto de actores secundarios con mayor notoriedad, y mucha relevancia para entender la complejidad social de Irán, destacando Babak Karimi en el papel de Babak, alguien que no es tan afable como parece y oculta más de lo que creemos, de manera similar que Emad es muy apreciado por sus alumnos, pero tiene más personalidades bajo esa fachada que se resquebraja como las paredes de su antiguo hogar.

Los adolescentes a quienes da clase Emad son responsables del desahogo emocional de la película, con la frescura y naturalidad de los jóvenes actuales que en el fondo se comportan como niños cuando no tienen la supervisión de un adulto. Farhadi sigue manteniendo su toque como director del reparto más joven.

Tras esta historia de humillación y venganza encontramos muchas más cuestiones de la sociedad iraní, tratadas desde fuera pero presentes, como la censura, la policía y la necesidad de no quedar expuesto a los demás por miedo a ser juzgado erróneamente. La suma de todo ello compone un sólido drama repleto de humanidad con el que Asghar Farhadi logra llevar su mensaje a otro nivel.

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