Crítica de ‘El Sr. Henri comparte piso’: Una nieta de alquiler

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: El Sr. Henri comparte piso

Llega a las pantallas de nuestro país El Sr. Henri comparte piso, uno de los éxitos de taquilla de nuestros vecinos franceses durante el año 2015, vecinos que han demostrado sobradamente dominar a la perfección este género de la comedia de tono amable, buenas intenciones y resultados entrañables, es decir, eso que los anglosajones llaman “feel-good movie” y que en España, tan aficionados a los anglicismos, algunos se han apresurado a importar y a mí me resulta un tanto estomagante (el término, no las películas).

El caso es que el realizador Ivan Calbérac adopta el tono de comedia desenfadada para acercarse con más descaro a temas mucho más trascendentes como la soledad de un anciano viudo, los temores de una jovencita estancada en esa puñetera edad de tomar decisiones vitales o la complejidad de los vínculos paterno-filiales y la necesidad de liberarse de los influjos castradores para poder elegir el camino que uno quiere seguir y no el que los progenitores han trazado para su prole siguiendo la tradición familiar a modo de “tu abuelo fue, yo he sido y tú vas a ser”. Esa necesidad de derribar los muros interiores construidos en nuestra personalidad desde la más temprana infancia a través de la educación recibida, tanto en el colegio como el ámbito familiar, tiene mucho que ver con el modo en el que cada uno manejamos nuestras debilidades y nuestra falta de confianza (tantas veces inculcada: ¿dónde vas tú si no vales para eso?) en las propias posibilidades.

Calbérac adapta con acierto su propio texto teatral convirtiéndolo en un guion cinematográfico ágil, que sin desprenderse del todo del sustrato escénico del que parte, funciona perfectamente como cine sin provocar esa (para algunos) molesta sensación de asistir a teatro filmado. En este sentido juega a su favor la habilidad con la que se sale del escenario único de la pieza teatral y saca a exteriores algunas secuencias en las que incorpora a otros personajes que amplían ligeramente el arco del cuarteto (dos protagonistas y dos secundarios) sobre el que se construye y sostiene la historia de El Sr. Henri comparte piso.

Y el otro gran mérito del film es precisamente este, la concienzuda construcción de los personajes, fundamentalmente de la pareja protagonista: la jovencita Constance interpretada por la casi debutante Noemie Schmidt y un Sr. Henri al que da vida todo un clásico del cine francés como Claude Brasseur que a sus ochenta años se ha mutado físicamente en la reencarnación de Paco Martínez Soria. El parecido físico en algunos momentos del film es incuestionable aunque Brasseur hace gala de una mayor contención gestual en su interpretación de la que solía practicar el famosísimo actor aragonés.

El autor-director sustenta la gracia del film en el contraste entre ambos personajes principales, un viejo gruñón y cascarrabias y una joven encantadora y llena de vida; este contraste habría bastado para completar cien minutos de película a base de divertidas situaciones basadas en el equívoco, el doble sentido o chascarrillos de índole sexual siguiendo el esquema clásico de la convivencia entre una “extraña pareja”, pero no se queda ahí, con un punto de partida potencialmente descacharrante, Calbérac evita seguir el camino de la carcajada facilona y opta por el más sutil de la sonrisa permanente que cala poco a poco en el espectador.

El Sr. Henri servirá a Constance como catalizador de esa liberación de la que antes hablaba cuando tras las reticencias iniciales descubre que esa especie de desastre andante, torpe y desordenada es capaz de parar el mundo cuando se sienta a tocar el piano y descubre en ella una nieta de alquiler con la que redimirse de los errores (afectivos) cometidos con su hijo, un pánfilo de buen corazón encarnado por el actor Guillaume de Tonquédec con equilibrada gracia. Completa el reparto la nuera del Sr. Henri (Fréderique Bel) en el personaje más arquetípico de la película pero no exento de gracia al servir como detonante del enredo que dará lugar a las situaciones más divertidas.

El Sr. Henri comparte piso es una película muy fácil de recomendar porque tiene potencial para agradar a casi todo el mundo, habrá quien juzgue la película como previsible y excesivamente complaciente, pero ni una ni otra acusaciones son justas ni acordes a un film entrañable, divertido y apto para segundas lecturas tras su aparentemente liviana trama. Pero solo aparentemente, no se dejen engañar.

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