Crítica de ‘Las cuatro estaciones de Las chicas Gilmore’: preparad café y una manta

¡Han vuelto! Por fin, tras casi un año de espera desde que Netflix anunciase los cuatro nuevos episodios, Las chicas Gilmore han regresado a nuestras pantallas. Volvemos a Connecticut, a Stars Hollow, a sus extrañísimos habitantes y al café, a los litros y litros de café. Cuatro episodios, trescientos sesenta minutos para volver a las vidas de Lorelai y Rory casi diez años después de que les dijésemos adiós.

Las cuatro estaciones de las chicas Gilmore fue anunciada el 29 de enero de este año. Aunque la serie quedó cerrada en su último episodio en 2007, Netflix ofreció a su creadora, Amy Sherman-Palladino, la posibilidad de crear un nuevo final, aquel que ella siempre pensó y que no pudo escribir ya que, por desavenencias con la CW, tuvo que abandonar la serie en la penúltima temporada. Las cuatro estaciones se compone de cuatro episodios, uno por cada estación, que continúan la historia diez años después de su primer final. Lorelai se ha mantenido todo este tiempo en un lugar estático, sin los cambios que tanto le aterran. Vive con Luke, continúa regentando el Dragonfly y su vida transcurre entre cafés, películas y reuniones vecinales. Rory, sin embargo, se encuentra en un punto de su vida de total inestabilidad. No tiene trabajo, no tiene casa y lleva varios meses intentando romper con un novio del que siempre se olvida. Por suerte hay cosas que nunca cambian, y la relación con su madre es una de ellas.

Nueve años de distancia es mucho tiempo y, desafortunadamente, el tiempo es caprichoso e incluso cruel. Edward Herrman, quien interpretaba al abuelo Gilmore, murió hace dos años víctima de un cáncer. Las cuatro estaciones no era entonces siquiera la idea en la cabeza de un ejecutivo y, sin embargo, la muerte de Herrman se convirtió en uno de los ejes para desarrollar la historia. El abuelo ha muerto, lo hace cuatro meses antes de que nosotros volvamos Stars Hollow, y su ausencia y la herida que esta deja, cala en la vida de Lorelai, Rory y Emily hasta el punto de convertirse en motor de cambio para las tres. Emily ha de aprender a vivir sola tras cincuenta años de matrimonio, Rory ha de encontrar el camino que le permita convertirse en el orgullo que siempre despertó en su abuelo y Lorelai descubre que, por mucho que ella quiera controlarlo, el tiempo avanza y con él las despedidas y los cambios, como ella misma parece entender al escuchar Unbreakable del Musical de Stars Hollow (sí, Stars Hollow tiene su propio musical, y es PERFECTO).

De las tres Gilmores, la historia de Emily es la más emocionante de estos cuatro episodios. Kelly Bishops, amiga íntima de quien interpretase durante siete años a su marido, es el mayor homenaje a Edward Herrman con un trabajo interpretativo conmovedor que refleja, además, un viaje vital de meses para crear la ruptura necesaria que le permita seguir adelante. Por otra parte, es brillante como hacen de Rory (Alexis Bledel), siempre tan segura de sí misma, la víctima de las expectativas de los demás y de la mediocridad de los medios de comunicación actuales. La competencia y la agonía de la prensa escrita es algo con lo que no esperaba tener que lidiar en sus años como brillante estudiante. Ahora está perdida y dando palos de ciego, y eso es algo que nunca hemos visto hacer a Rory. La menor evolución está en Lorelai (Lauren Graham) y, quizás en ello resida sus encontronazos con la realidad actual. Los cambios nunca han sido para ella y ahora se encuentra con muchos.

Por supuesto, no todo es drama y desequilibrio vital en estos cuatro episodios. Las chicas Gilmore vuelven a su humor, a sus referencias a la cultura popular, a sus diálogos frenéticos, como si nunca hubiésemos salido de Stars Hollow, y allí están también sus habitantes. Luke sigue en su café e intentando entender a Lorelai, Taylor quiere poner un nuevo sistema de alcantarillado y Kirk…bueno, Kirk sigue siendo Kirk. También nos reencontramos con las dos grandes amigas de Rory y, mientras que Lane es casi atrezzo en el pueblo, la actriz Liza Weil consigue que Paris robe la escena a todo el que la comparte con ella en los dos episodios en los que aparece. No es que Cómo defender a un asesino le haya distanciado de la comedia, es que ni siquiera en las siete temporadas de Las chicas Gilmore la hemos visto tan divertida como ahora.

Y, por supuesto, están los chicos de Rory. Parece que, finalmente, los finalistas son Logan y Jess, el pobre Dean era demasiado rural para ella. Si se queda con uno o con otro es algo que no voy a descubrir. Solo diré que si Rory fuese algo más listas sabría quién la ha querido de verdad siempre (TEAM JESS FOREVER).

Lo mejor que podemos decir de Las cuatro estaciones de las chicas Gilmore es que no va buscando despertar la nostalgia de los fans evocando a la serie, es sencillamente su continuación, fiel a ella misma. Y, por si quedara alguna duda, están las famosas cuatro palabras del final. Esas que nos han llevado a algunos a la histeria y a casi todos a esperar que no estemos ante el final. Y, aún así, si efectivamente es un adiós definitivo, no puede ser mejor desenlace, porque Las cuatro estaciones de las chicas Gilmore va sobre ciclos, como esas estaciones que marcan los cambios. ¿Y qué hay más cíclico que la vida?

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