Crítica de ‘La chica del tren’: Thriller descarrilado

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: La chica del tren
 
De donde no hay no se puede sacar y, aunque la magia del cine a veces hace milagros, no es el caso de La chica del tren, la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Paula Hawkins que ha coronado las listas de bestsellers de este año en medio mundo y que, como le ocurre al libro, no es más que un mediocre thriller cuyo éxito continúa siendo un misterio para esta lectora. 
 
Si aceptamos sin rechistar la afirmación de que una novela es siempre mejor que su versión cinematográfica,  debemos decir que el actor y director Tate Taylor (Criadas y señoras, I Feel Good), que se hace cargo de la cinta, hace un trabajo estupendo manteniéndose fiel al libro, porque La chica del tren es tan infumable en la pantalla como lo es en las páginas. Más delito tiene su guionista, Erin Cressida Wilson. Quien hace años ganara un Independent Spirit Awards por la controvertida y extrañamente bella Secretary, se hace cargo de la adaptación a guion de una historia que sufre goteras por todos lados, comenzando por la falta de desarrollo de unos personajes antipáticos y planos. En fin…todos tenemos que llegar a fin de mes. 
 
La chica del tren es Rachel, una mujer desempleada y alcohólica cuya vida transcurre en el trayecto que hace en tren desde su casa a la ciudad. Cada día, en el viaje de ida y en el de vuelta, contempla desde la ventanilla de su asiento su antiguo barrio, aquel en el que fue feliz con su exmarido que ahora ha formado una familia con su nueva esposa. Su antiguo hogar despierta en Rachel el dolor de la herida no curada, pero su curiosidad es alimentada por la casa vecina, habitada por una pareja que representa lo que ella hubiese deseado que fuese su vida. La misteriosa desaparición de una mujer, obligará a Rachel a luchar contra ella misma, contra su alcoholismo y sus lagunas de memoria para intentar resolver este puzzle de infidelidades y maltrato psicológico. 
 
Visto así y apoyado en su eficaz tráiler, uno espera mantenerse tenso en su asiento intentando desentrañar la historia, pero el espectador no tardará en darse cuenta de que está ante una trama tramposa que, en su intento de despistarnos, lo único que logra es volverse no solo predecible sino absurda. Tan es así que en su pase a la prensa se oyeron no pocas risas en los momentos que buscaban ser más tensos. Y es que estamos ante un desfile de personajes cada cual más artificial. La adicta al sexo que lame el dedo de su psiquiatra mientras él le ruega que se mantengan profesionales. El marido macho alfa que cuando se enfada se convierte en Zorba “El griego”, lanzando la vajilla contra las paredes. La joven esposa, despeinada y sin maquillar, que vive en un continuo estado de histerismo. 
 
Y luego está la pobre Rachel, la mujer incapaz de encarrilar su vida por culpa del engaño de su marido. Y Rachel es lo único que puedo decir que mejora su versión literaria. Si la Rachel de la novela es tan patética y detestable que desearías que se encontrase delante del tren en lugar de dentro, la actriz Emily Blunt le otorga la dignidad suficiente como para crear cierto vínculo con el espectador. De hecho, no sería raro esperar la nominación al Oscar, como ya ocurriese con Rosemund Pike y su papel en Perdida, película que comparte la incongruencia y farsa de La chica del tren. Menos eficaces, sin embargo, son las interpretaciones de Haley Bennett y Rebecca Ferguson dando vida a Megan y Anna, personajes que resultan tan traslucidos que se disuelven con el fondo. Lo mismo ocurre con Justin Theroux, Luke Evans y Edgar Ramirez. Los hombres de la historia son ingredientes de los tramposos y poco efectivos giros de la trama, pero con unos personajes tan poco construidos, bien podrían haber utilizado maniquíes de Galerías Preciados que el resultado hubiese sido el mismo. 
 
Con un bajo presupuesto y actores de segunda, La chica del tren no hubiese pasado de película de sobremesa de Antena 3, pero aquí está, esperándonos en nuestras salas.

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