61 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Le fils de Jean’: Un correcto melodrama para terminar

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 61 SEMINCI: 
El hijo de Jean (Le fils de Jean)
 

Para terminar la 61ª edición de la SEMINCI, la organización nos obsequia, fuera de competición, con otro drama familiar para cerrar la amplia lista de películas que, con la familia como núcleo central, han poblado la programación de la sección oficial. Se trata del octavo largometraje del director francés Philippe Lioret de cuyos films anteriores, solo tengo constancia del estreno en cine y distribución en DVD en España de Welcome en 2009 a pesar de que varios de sus películas han tenido un éxito notable en el país vecino.

En Le Fils de Jean que está previsto estrenarse en salas comerciales de nuestro país en abril del año próximo con el título de El hijo de Jean, se aborda la historia de Mathieu (Pierre Deladonchamps), un hombre que a sus treinta y tantos años ha vivido siempre en la ignorancia de quien era su padre con el que, al parecer, su madre había mantenido una fugaz aventura de una noche. Cuando Mathieu recibe una llamada desde Canadá en la que un desconocido que asegura ser amigo de su padre le comunica que este acaba de fallecer, Mathieu decide viajar a Canadá, más con la intención de conocer a sus dos hermanos que de recibir un cuadro que, al parecer, su padre le ha dejado en herencia. 
 
Este punto de partida sirve a Philippe Lioret para realizar un drama íntimo y sosegado sobre la identidad de los vínculos afectivos (son tantas las películas que han abordado este asunto durante esta SEMINCI que tengo la molesta sensación de repetirme en los argumentos, cosas parecidas escribí hace unos días a propósito de la película brasileña Madre solo hay una), la paternidad y la búsqueda de las raíces familiares. 
 
A su llegada a Canadá, Mathieu será recibido por el amigo de su padre autor de la llamada, Pierre Lesage (Gabriel Arcand) que, a su pesar, hará de anfitrión alojándolo en su casa junto a su esposa (Marie-Thérèse Fortin) y su hija adulta Bettina (Catherine de Léan). Y a partir de aquí, el director Philippe Lioret, coguionista junto a Natalie Carter, comienza a pelar las capas de su cebolla para ir descubriendo, poco a poco, las verdaderas relaciones entre los personajes y los oscuros episodios de un pasado sobre el que nadie tiene demasiadas ganas de hablar, menos aun con Mathieu. El desencanto al conocer a unos hermanos poco deseables que no tienen ni idea de quién es y el secretismo en torno a la personalidad de su padre harán que Mathieu se sienta desplazado y únicamente encuentre refugio en Bettina, la única que parece interesada en conocerle. 
 
Lioret maneja bien los tiempos y los espacios, el melodrama está bien construido a partir de los personajes y el envoltorio estético del film con la fotografía de Philippe Guilbert y la música de Flemming Nordkrog es más que notable. El problema es que lo anodino de los personajes, incluyendo al propio Mathieu que parece continuamente perdido, contagia a la película un aire lánguido que le hará ir perdiendo fuelle progresivamente hasta que, ya cercano el final, un giro de guion trate en vano de insuflar el aire perdido. 
 
En este sentido, Le fils de Jean funciona perfectamente como cierre a esta edición de la SEMINCI, pues es perfectamente representativa de un tono general de películas mediocres, con poca fuerza y con la continua sensación de que casi todo se ha quedado a medio camino de lo que se pretendía en un planteamiento. Apenas hemos visto películas malas (alguna ha habido) pero tampoco ninguna descollante, de esas que hacen que la edición se recuerde décadas después. “El año que proyectaron Azul de Kieslowski”. “La edición en la que ganó Léolo o El dulce porvenir o Thelma y Louise…” No. Eso este año no ha ocurrido. Pero seguiremos probando suerte. El año que viene más.

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