61 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Hedi’: Despertar a la vida

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 61 SEMINCI: Hedi

 Hay personas que no deciden nunca lo que sucede con su vida, en algunos casos es por falta de libertad para hacerlo (y eso es harina de otro costal) pero en otros no es más que por falta de personalidad, por miedo a defraudar las expectativas que otros han puesto sobre uno o a hacer algo que sea juzgado como impropio o inadecuado. Suelen ser personas a las que la opinión de los demás les condiciona de tal manera que acaban convirtiéndose en seres pusilánimes que prefieren que les den todo decidido.

Este es el caso de nuestro protagonista Hedi (Majd Mastoura), un joven tunecino que vive en Kairuán donde trabaja como delegado de ventas de automóviles para Peugeot y al que en el plazo de unos días, su jefe decide inopinadamente trasladarle a la ciudad costera de Mahdia y su madre organizarle una boda con una (guapa y bien relacionada) chica que no significa nada para él.

Una vez en su nuevo destino, Hedi afronta, acaso por primera vez en su vida, momentos de soledad y la toma de decisiones; su búsqueda de nuevos clientes que era el propósito del traslado laboral es pronto descuidada ante el descubrimiento de la libertad para manejar su tiempo. Y precisamente en este status de apertura a una nueva forma de vivir aparece el amor (en su forma más perturbadora, la pasión) de la mano de Rim (Rym Ben Messaoud) una chica vital y llena de energía que se sitúa en la antítesis de todo cuanto Hedi ha conocido hasta el momento. 

 Este descubrimiento físico y emocional será la caída del caballo que Hedi necesitaba para poder desarrollar su propia personalidad, por fin conoce a alguien que no solo no le dice lo que tiene que hacer sino que además no le juzga. Rim le hace reír y eso es uno de uno de los más poderosos  ingredientes del amor. El actor Majd Mastoura realiza a lo largo de la película una sutil evolución de su estado de ánimo desde la introversión inicial hacia una inestable felicidad recién descubierta. En esta tesitura, Hedi habrá de decidir entre apostar por la confortable seguridad de la tradición (su madre) o el turbador descubrimiento de la modernidad (Rim). 
 
Este debate entre tradición y modernidad es el otro gran tema presente en la película al margen de la pura historia argumental de los personajes, la película Hedi pretende establecer una correlación entre el despertar a la vida de este hombre, hasta ahora sometido a la voluntad de los demás y a la inanidad de su carácter, con la situación social y política de Túnez que despertaba a una nueva realidad con la celebración de sus primeras elecciones democráticas tras la conocida Primavera Árabe. En este ambicioso propósito, el film de Mohamed Ben Attia apenas alcanza a abocetar sus intenciones. Las sutiles referencias a la situación del país no tienen ni la hondura ni la profundidad necesaria para elaborar un discurso que no pase desapercibido al menos el espectador no versado en el tema. Y es evidente que el empeño por establecer este paralelismo entre el protagonista y Túnez condiciona totalmente el desenlace del film que, obviamente, no debe ser contado. 
 
Aunque coproducida junto a Bélgica (los hermanos Dardenne), Francia, Catar y Emiratos Árabes Unidos, la película Inhebek Hedi (Hedi) es en esencia tunecina. De allí son sus personajes y allí se desarrolla la historia que nos cuenta el director Mohamed Ben Attia en su debut en el largometraje tras cinco cortometrajes en los últimos diez años. La película participó en la última edición del Festival de Berlín donde fue galardonada con el premio a la mejor primera película y con el Oso de Plata al mejor actor para su protagonista Majd Mastoura.
 
Interesante película que inicia la filmografía de un nuevo nombre a seguir en los próximos años, a pesar de cierta bisoñez en la dirección de algunas secuencias, Ben Attia parece tener cosas que contar y medios para hacerlo. Estaremos pendientes.

También te puede interesar

Deja un comentario