61 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Eshtebak (Clash)’: El terror desde un furgón

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 61 SEMINCI: 
Eshtebak (Clash)

 

El director egipcio Mohamed Diab presenta su segundo film en la Sección Oficial de la presente edición de la SEMINCI, y como en su ópera prima Cario 678, lo hace con una crónica histórica del presente de su país a través de una filmación en tiempo real de los acontecimientos que ocurrieron en Egipto durante tres días de 2013 en los que las calles de El Cairo se enzarzaron en un combate fratricida entre los partidarios del golpe militar que trataba de deponer al presidente Mohamed Morsi y los miembros y simpatizantes del grupo islamista de los Hermanos Musulmanes al cual estaba vinculado el citado presidente. 

Mohamed Diab coloca su cámara en el interior de un furgón policial donde han sido detenidos dos periodistas, un redactor de nacionalidad estadounidense y su fotógrafo. A partir de aquí, Diab mantendrá la cámara dentro de la furgoneta durante los 97 minutos de metraje. Todo lo que vemos (salvo algún esporádico plano hacia el final del film) será el interior del furgón donde progresivamente se va acumulando más gente y el exterior filmado a través de las enrejadas ventanas del vehículo. 
 
Diab pretende meter al espectador dentro del furgón y hacerlo convivir durante poco más de hora y media con una variopinta representación de los habitantes de El Cairo. Su mirada es limpia, casi de documentalista, y no se posiciona ni a favor de los simpatizantes de los Hermanos Musulmanes ni de los partidarios de las revueltas callejeras impulsadas por el ejército egipcio. Los personajes son hombres y mujeres (menos), ancianos, adultos, jóvenes e incluso un niño. Lo que se supone una muestra representativa de la sociedad egipcia terminará revelándose como un grupo humano que pasará de los más violentos enfrentamientos a vivir, unidos por el miedo, momentos de fraternidad y camaradería.
 
El estar sujeto a un espacio tan constreñido hace que Diab planifique las secuencias a base de planos cortos que contribuyen a crear en el espectador la sensación de ahogo y desasosiego que viven los ocupantes. Únicamente con algún esporádico toque humorístico aligera la tensión que va progresivamente acumulándose a lo largo de los minutos. Existen altibajos en la fuerza de la narración y momentos álgidos se alternan con alguna discusión bizantina que hace por momentos perder interés en lo que va a ocurrir con los personajes. Los momentos de máxima tensión en los enfrentamientos están impecablemente reproducidos, el tratamiento de la imagen y el empleo de los haces de luz verde laser confieren a la película una textura especial. 
 
Los personajes están perfectamente desarrollados y sus diferencias políticas y religiosas serán el detonante de las diferentes discusiones a través de las cuales Diab compondrá un atinado fresco de la sociedad egipcia. Asuntos como el trato a la mujer, la desconfianza ante los ciudadanos estadounidentes o cierto clasismo latente sostienen el discurso de un film desasosegante, áspero y turbador que en algunos momentos amenaza con irse a la deriva. 
 
Es posible, por el formato propuesto y por el tono que como he dicho adopta su director, que un documental se ajustara mejor que un relato de ficción a lo que Mohamed Diab pretende contarnos en Eshtebak (Clash), pero también es muy probable que ese documental ya esté hecho. Diab propone, aunque no de manera demasiado explícita, la vía de la reconciliación (acaso la única posible) para reconducir la crítica situación en la que se encuentra un país, el suyo, al que incuestionablemente ama. 
 
Eshtebak fue presentada en la sección Un certain regard del pasado Festival de Cannes. Su concepción narrativa, su arriesgada apuesta visual y la trascendencia de su contenido político e histórico son muy del gusto de los jurados habituales del festival Vallisoletano y la convierten en una seria candidata a figurar en el palmarés del próximo sábado.

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