61 SEMINCI. Sección Oficial (corto). Crítica de ‘Queimafobia’: Cuando solo nos queda el recuerdo

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 61 SEMINCI
Cheimaphobia (Queimafobia)
 
 
Daniel Sánchez Arévalo inició su carrera como guionista en series de televisión (Farmacia de guardia, Querido maestro, Hospital Central), aunque ha ganado el reconocimiento como director, no sólo de grandes y premiados largometrajes como AzulOscuroCasiNegro, Gordos, Primos y La gran familia española, sino que también ha dirigido quince cortometrajes, y ha sido finalista en 2015 del Premio Planeta con su novela “La isla de Alice”.
 
Esta presentación es necesaria para ponernos en contexto, pues no es el habitual director de cortometrajes al que le viene una buena idea y la plasma en 10 minutos, sino que él mismo ha seleccionado paa un fragmento de su propia novela para plasmarla en este personal trabajo, Cheimaphobia, con tal intensidad que deseamos continúe mostrándonos más partes de su novela no sólo como cortos, sino como película o serie, si hace falta, pues “La isla de Alice” daría para una serie.
 
“Queimafobia” es la palabra con la que se define al persistente, anormal e injustificado miedo al frío, y el cineasta emplea este término como título de su cortometraje en el que cuenta como a veces la inocencia de la mirada de un niño es todo lo que necesitamos para empezar a dejar ir, para despedirnos. Tomando como punto de partida la muerte de un hombre, en cuyo tanatorio se encuentran su viuda y su hija de 6 años, comienzan reflexiones sobre la culpa, la ausencia y la aceptación de la despedida.
 
Joanna Vanderham y Tessa Neiman son las protagonistas absolutas del corto, madre e hija en la ficción, pero cuya complicidad traspasa la pantalla. Su dolor y dudas ante la perdida es fácilmente comprensible por cualquier espectador, creando una cierta empatía con nosotros, sin necesidad de haber pedido a alguien cercano. Si además has perdido a alguien, cala mucho más hondo en nosotros, pues nos recuerda multitud de reflexiones que se tienen en tan doloroso momento. 
 
Es interesante la interpretación de la joven Tessa Neiman, quien al principio cuesta saber si su personaje está indiferente ante tal situación o si la actriz no se ha metido de lleno en él, pero nos damos cuenta que nos lleva con ella a su mundo interior, en el que no se da mucha importancia a lo que está viviendo al no tener ese miedo a la muerte que llega cuando alcanzas la madurez.
 
Cheimaphobia es la prueba de cómo en 10 minutos se puede presentar perfectamente la dura situación por la que pasan una madre y una hija, sin necesidad de tener que presentarnos lo acontecido hasta llegar ahí, y lograr sobrecogernos y empatizar con el difícil momento de sus protagonistas, interpretados con sutileza y mucha convicción, para que incluso cerrando los ojos podamos seguir viéndolas.

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