Crítica de ‘No Molestar’: Inteligente, divertida y frenética comedia de Patrice Leconte

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
No Molestar

Una de las muchas cosas que admiro (y secretamente envidio) de los franceses es su imponente acervo cultural y el respeto con el que tratan a sus obras y autores sin discriminar en función de qué género se trate la obra en cuestión. Así, la comedia, que en otros países es considerada un género menor al que no se dedican los mismos recursos (económicos y humanos) que, por ejemplo al drama, es tratada en Francia con un mimo exquisito que hace que los resultados, salvo excepciones, sean magníficos.

Otra cosa que, saltándome la admiración, paso directamente a envidiar de nuestro país vecino, es su ingente cantidad de autores teatrales y la fecunda interacción que se produce entre el teatro y el cine. No hay montaje teatral de éxito en Francia que no tenga una adaptación cinematográfica que, en la mayoría de los casos, esté al mismo nivel que el montaje teatral.

Es exactamente el caso que nos ocupa, el dramaturgo Florian Zeller, autor de la obra teatral Una hora de tranquilidad, es el encargado de trasladar su propio texto teatral a guion cinematográfico para que el veterano y prolífico director Patrice Leconte filme una auténtica película y no se limite (como ocurre demasiado a menudo con los textos teatrales) a hacer teatro filmado.

Una hora de tranquilidad se ha representado con gran éxito durante mucho tiempo en el Théâtre Antoine de París, con el gran Fabrice Luchini en el papel protagonista. Precisamente Luchini fue la primera opción contemplada por Leconte y Zeller para interpretar a Michel, pero sorprendentemente rechazó el proyecto aduciendo que ya había pasado demasiado tiempo con el personaje. La siguiente opción fue Christian Clavier, un magnífico actor todoterreno, pero que ha alcanzado gran notoriedad sobre todo por sus papeles cómicos cómo el que recientemente interpretó en la divertida Dios mío ¿pero qué te hemos hecho? de Philippe de Chauveron.

No molestar, qué es el título con el que se ha estrenado en España la película Une heure de tranquillité (en el enésimo estúpido, incomprensible e injustificado cambio de título) es una COMEDIA. Así, con mayúsculas y sin apellidos. No es una comedia romántica, ni una comedia dramática, ni una comedia burlesca, ni una comedia paródica… No. Es una comedia “pura”, con un guion magníficamente escrito, una dirección refinada que desborda maestría en el manejo del más importante ingrediente de toda buena comedia: el ritmo, y finalmente, portentosamente interpretada tanto por Christian Clavier como por el resto del reparto que crean un impagable conjunto de personajes secundarios encabezados por la guapísima Carole Bouquet.

Michel Leproux (Clavier) es un hombre en plena madurez, amante del jazz, que encuentra casualmente en una tienda de segunda mano, un disco que llevaba buscando toda su vida: “Me, myself and I” de Niel Youart, desde ese momento, “su” única obsesión será llegar a “su” casa, poner el disco en “su” equipo de música y sentarse en “su” cómodo sofá a disfrutar durante una hora de la audición de “su” preciada joya. A partir de aquí, “su” mujer Natalie (Carole Bouquet), “su” amante Elsa (Valérie Bonneton), “su” hijo Sébastien (Sébastien Castro), “su” criada María (Rossy de Palma), “su” mejor amigo Pierre (Christian Charmetant), “su” vecino polaco Pawel (Stéphane De Groodt), el obrero también polaco (o no) que trabaja en “su” casa, una familia completa de inmigrantes filipinos y el vecindario entero entrarán en escena para ponerle a Michel “un poquito” difícil encontrar esa “hora de tranquilidad” que necesita para escuchar “su” recién comprado disco. ¿Demasiado “su”?. Tal vez he olvidado decir que Michel Leproux es un “poquito” egoísta.

La exigua duración del metraje (79 minutos) ayuda a mantener el fantástico ritmo que Patrice Leconte sabe imprimir a su cámara, ayudado por el inteligente y divertido guion escrito por Florian Zeller. Christian Clavier, que lleva la mayor parte del peso de la película, está pletórico, tanto su gestualidad como su tono son de alta comedia, y del resto del reparto, que como he dicho está a gran altura, me parece de justicia destacar a Stéphane De Groodt como Pawel, el vecino polaco de Michel, al que logra dar una naturalidad pasmosa tratándose de un personaje increíble, y a Rossy de Palma que parece tener más suerte (y merecida consideración) en Francia que en España, e interpreta una criada absolutamente tronchante.

No es fácil encontrar películas como No Molestar que puedan recomendarse a (casi) todo el mundo con la tranquilidad de que en el peor de los casos “solo” les hará pasar un rato divertido; puede que no sea la historia más original del mundo, es probable que algunas secuencias puedan sonarnos a “ya vistas”, pero aun así, están escritas con tanta inteligencia y mala leche e interpretadas con tanto talento que el espectador, seguramente, se quede con ganas de más.  

También te puede interesar

Un comentario sobre “Crítica de ‘No Molestar’: Inteligente, divertida y frenética comedia de Patrice Leconte

Deja un comentario