Crítica de ‘Cautivos’: Atom Egoyan profundiza en su universo particular

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Cautivos

Atom Egoyan es uno de esos directores de los que puede decirse que con sus películas ha conseguido hacerse acreedor de esa etiqueta tan sofisticada y a menudo utilizada con ligereza que se ha dado en llamar “Universo Propio”. Su filmografía, compuesta ya por catorce largometrajes para el cine, además de unos cuantos cortometrajes, películas para televisión, documentales y participaciones en obras colectivas, es ya lo suficientemente extensa como para poder adjudicarle la manida etiqueta sin temor a precipitarse.

En Cautivos (The Captive), su decimocuarto largometraje para el cine, son reconocibles todas las señas de identidad que a lo largo de su carrera ha ido desgranando en sus películas.

Desde sus primitivas Next of Kin (1984) o Family Viewing (1987) hasta su más avanzada en el tiempo Adoration (2008), siempre ha manifestado una enorme atracción por el poder de las cámaras de vídeo como elementos perturbadores de la vida cotidiana. No recuerdo ningún film en el que estas cámaras no estuvieran presentes, ya fueran las antiguas (y enormes) cámaras de cinta magnética de sus primeros films o las sofisticadas y diminutas webcams de los ordenadores domésticos, o incluso pequeñas cámaras espía ocultas en respiraderos, esquinas o colocadas estratégicamente en lugares suficientemente cargados de morbo, que actúan como segundas y terceras referencias a la cámara principal, la que el propio Egoyan gobierna.

Este gusto por las cámaras de grabación unido a un, quizá más reciente, interés por internet como herramienta global y las redes sociales en particular, conforman un recurso  tanto estilístico como narrativo, a través del cual Egoyan elabora planos poliédricos para los que el espectador necesita varios pares de ojos, y disgrega el relato en varios espacios narrativos que exigen una atención constante. Las películas de Atom Egoyan están concebidas para varios visionados a menos que uno quiera conformarse con apreciar las texturas fílmicas sin profundizar en lo que nos está contando y en cómo lo está haciendo.

A estos recursos que, como he dicho, resultan determinantes en la narrativa, se une un particular uso de las referencias temporales a través del cual, pasado y presente se funden como un todo. Egoyan no utiliza los flashback convencionales ni se sirve de fundidos a negro o rótulos explicativos; sus films están gobernados por un montaje desestructurado en el que tiempo pasado y presente se alternan en secuencias sin solución de continuidad que obligan al espectador a un esfuerzo añadido para comprender lo que está viendo en cada momento.

En Cautivos, un matrimonio interpretado por el sólido Ryan Reynolds (Buried) y la televisiva Mireille Enos (The Killing) viven en el tormento de haber perdido ocho años atrás a su hija Cassandra en un bar de carretera, a pesar del paso del tiempo, ninguno de los dos ha logrado recobrar un ápice de paz interior, sumidos en la certeza de que la investigación policial que se hizo en su día fue chapucera y en la turbadora inquietud provocada por extraños indicios que pueden hacer pensar que su hija sigue con vida. Este argumento, a priori bastante gastado, sirve a Egoyan para retomar algunos de sus temas favoritos: la pérdida como generadora de tormento vital y el sentimiento de culpa ante dicha pérdida. Temas que estaban presentes en las que son probablemente sus dos mejores películas: El Liquidador (1991) y El Dulce Porvenir (1997), ambas galardonadas con la Espiga de Oro en las respectivas ediciones de la Seminci de Valladolid. De hecho, las referencias a El Dulce Porvenir superan lo argumental para anclarse también en lo estético, las carreteras nevadas, los bosques desolados y un desangelado ecosistema semi-rural terminan por meter el frío en el cuerpo al espectador.

El reparto, además de los citados Reynolds y Enos, se completa con Rosario Dawson en el papel de una inspectora de policía que recupera la investigación ocho años después y los canadienses Scott Speedman como su ayudante, Bruce Greenwood y un inquietante Kevin Durand en el papel del sórdido líder de una secta captadora de niños.

Dos habituales de las películas de Atom Egoyan realizan en Cautivos impecables trabajos que contribuyen a redondear el film, Paul Sarossy firma una gélida fotografía y Mychael Danna compone una preciosa y conmovedora banda sonora que completan el opresivo ambiente.

Cautivos se presentó en el Festival de Cannes de 2014 donde recibió un durísimo varapalo de la crítica que reafirma su desafecto con el otrora niño mimado Egoyan. No comparto la opinión mayoritaria de la crítica ante sus últimos trabajos, y menos aún ante Cautivos. Aun reconociendo que sus últimos films no están entre lo mejor de su filmografía, el único pecado que Egoyan ha cometido es, a pesar de las dificultades expuestas, hacer sus películas un “poquito” más accesibles para el espectador medio y cerrar los finales. Supongo que habrá quien anhele aquellos finales abiertos, totalmente sujetos a la interpretación del espectador que las más de las veces dejaban a éste sumido en la confusión.

Egoyan ha podido perder frescura e, indudable y lógicamente, el carácter novedoso de sus primeras obras, pero no ha perdido ni un ápice de su turbadora mirada, de su particular narrativa cinematográfica ni de su enorme talento como director de cine. Dar por muerta la filmografía de Egoyan como ha hecho parte de la crítica, es un rotundo error que hará sacar los colores a más de uno. Y si no, al tiempo.

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2 comentarios sobre “Crítica de ‘Cautivos’: Atom Egoyan profundiza en su universo particular

  • el 22 mayo, 2016 a las 13:42
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    el último párrafo de esta crítica lo suscribo palabra a palabra. Egoyan volverá, si es que no se ha ido

    Respuesta
  • el 24 mayo, 2016 a las 15:45
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    Sí. Yo me ratifico en lo que escribí hace unos meses. No he podido ver Remember, su última película estrenada porque se me escapó de la cartelera. Creo que Atom Egoyan sigue siendo un magnífico director, el problema puede radicar en que en sus últimos films se ha limitado a dirigir guiones escritos por otros lo cual le ha hecho perder un poco de su sello particular. Sus mejores películas (El dulce porvenir, El viaje de Felicia, Exótica…) son sobre guiones suyos, ya fueran originales o adaptaciones. Así que tal vez lo que haga falta es que Egoyan vuelva a ponerse a escribir sus propias pelis y luego a dirigirlas y deje de dirigir guiones por encargo. Pero coincido contigo, no creo que se haya ido como director (si acaso como guionista).

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