Crítica de ‘Cómo sobrevivir a una despedida’: Un nuevo referente para la comedia

Las críticas de Óscar M.: Cómo sobrevivir a una despedida
Existe un submundo de vicio y perversión escondido tras una de las celebraciones más cotidianas de la sociedad actual. Durante años ha sido un terreno reservado para los hombres, pero las mujeres comenzaron hace “relativamente” poco tiempo a dar rienda suelta a sus instintos sexuales en las fechas próximas a su enlace matrimonial.
Y aunque hay notables diferencias entre las despedidas de soltero según el sexo, cada vez esas distinciones se diluyen más: ambos grupos ya se disfrazan y tratan de ridiculizar al contrayente con actividades que provocan vergüenza ajena (y propia).

Cómo sobrevivir a una despedida representa en imágenes la mejor manera de pasar un buen rato con los amigos antes de pasar a formar parte de una pareja estable y, legalmente, unida. Para ello, lleva a cinco amigas (cuatro chicas y un chico homosexual) de viaje a Maspalomas (Gran Canaria) a disfrutar y a recuperar su amistad perdida y nacida en el patio del colegio.
El guión se quita de un plumazo (y antes de los créditos) todas las necesarias referencias a los años ochenta y noventa (porque los cineastas de hoy han forjado su personalidad gracias a ellas), para desarrollar una historia actual, divertida, sin complejos, ni tabús y muy entretenida, y ni siquiera se avergüenza a la hora de homenajear descaradamente a películas similares, como la saga Resacón. Lo hacen y lo dicen. Es la mejor forma de demostrar su admiración a sus referentes.
Mucho más divertida que La gran familia española e infinitamente más cómica que Ocho apellidos vascos, Cómo sobrevivir a una despedida no tiene un gran presupuesto como las anteriores, pero el trabajo de Manuela Moreno en su debut como directora de un largometraje no lo demuestra: aprovecha bien los escenarios, mantiene un ritmo constante que apenas decae y transmite un gran trabajo en la dirección de actores.
Técnicamente brillante, con un montaje imaginativo, interpretaciones absolutamente creíbles, poco forzadas, con unos diálogos rápidos, un vocabulario natural lleno de golpes cómicos (y pollas), Manuela Moreno debuta por la puerta grande y demuestra su enorme talento y una facilidad cómica envidiable.
La película se puede considerar como una nueva cantera de actores y será un estupendo trampolín para todos sus intérpretes, desde los que vienen del teatro (como Celia de Molina o Brays Efe) hasta los que ya tienen una carrera televisiva detrás (como Rober Berruezo o el recientemente musculado José Lamuño). Natalia de Molina ya lo demostró ganando el Goya a Mejor actriz revelación por Vivir es fácil con los ojos cerrados el año pasado.
Cómo sobrevivir a una despedida es, sin duda, la comedia de este verano (incluso de forma internacional) y, si no consigue una gran taquilla es porque no tiene el respaldo de cierta productora que avasalla a los espectadores, pero quedará como un excelente referente de un guión redondo y cómo hacer una buena y efectista comedia.

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