Crítica de ‘La fiesta de despedida’: Afrontando la muerte cuando la vida ya no es tal

Las críticas de David Pérez “Davicine”La fiesta de despedida

Yehezkel, un hombre de 75 años que vive en una residencia de ancianos de Jerusalén, decide cumplir el deseo de su mejor amigo, Max, que se encuentra en estado terminal: morir en paz. Desoyendo las objeciones de su propia esposa Levana, Yehezkel y la mujer de Max, Yana, recurren a la ayuda del doctor Daniel, veterinario, y de Raffi Segal, un policía jubilado, para llevar a cabo su misión. Llegado el momento de la verdad, se dan cuenta de que ninguno de ellos está dispuesto a ‘apretar el gatillo’. Entonces Yehezkel, que ha sido ingeniero e inventor, construye, con el único propósito de ayudar a su amigo, una máquina de ‘autoeutanasia’. Tras el fallecimiento de Max, sin embargo, empiezan a circular rumores acerca del invento y al grupo le llegan más peticiones de ayuda. Entre tanto, Yehezkel se niega a aceptar la evidencia de que la demencia de su mujer se está agravando. Mientras se enfrenta a nuevas solicitudes para emplear la máquina y a la creciente dependencia de Levana, las fronteras empiezan a desdibujarse y los dilemas morales del equipo de colaboradores se tornan insoportables.

La fiesta de despedida es un título muy apropiado para una película de temática triste pero con mucho humor negro, pues la parte de “despedida” es motivada al centrarse en los últimos años de vida de un grupo de personas, y su deseo de terminar con el sufrimiento que padecen, pero también es una “fiesta”, pues es capaz de sacarnos más de una sonrisa tratando un tema tan duro desde el punto de vista de quienes desean acabar pronto con su vida, provocando que parezca algo tierno y natural, y para nada drástico.
Los avances médicos en el tratamiento del cáncer, derrames cerebrales, enfermedades del corazón y otros deterioros del ser humano implican que cantidad de pacientes se mantienen vivos pero con una calidad de vida deteriorada. Sin embargo, el suicidio asistido sigue siendo un tema que la mayoría de los gobiernos son reacios a considerar. Los directores israelís Sharon Maymon y Tal Granit son los responsables de este drama de autor que trata este tema social tan duro y controvertido, pero que han decidido centrarse más en la parte triste de la vida y en la felicidad que para muchos conlleva la muerte por eutanasia. Nada mejor que afrontar los malos momentos de la vida con humor, y la película logra el equilibrio perfecto de drama y comedia, de audacia y delicadeza, sin dejar de sorprender que este tema se trate en una película israelí, donde la sociedad es muy religiosa, pero igualmente necesitan reír y llorar como todos lo hacemos.
El reparto está encabezado por un fantástico grupo de actores veteranos como Ze’ev Revah, Levana Finkelshtein, Aliza Rozen, Ilan Dar Rafael Tabor, y los directores no han dejado nada a la improvisación, calculando perfectamente cada secuencia para que encajaran actores cómicos en situaciones muy dramáticas, consiguiendo un gran resultado en el que todo es serio menos las situaciones vividas por el grupo de ancianos. Granit Maymon se alían a la perfección con su maravilloso reparto, y destacan algunas secuencias de humor, como un gag de un policía que para a los ancianos por exceso de velocidad, o verles a todos ellos fumando mientras gravemente asienten sobre los estragos del cáncer de pulmón.
Todo el elenco principal ofrece interpretaciones increíbles, pero destaca Revach, uno de los cómicos del país que más repercusión internacional tiene y promotor de este cambio en el geriátrico, luchando entre lo que está bien para los demás pero no para su esposa, interpretada magistralmente por Finkelstein, cuya fragilidad dotada de una belleza madura es revelada en cada secuencia, emocionándonos cuando se debilita por las etapas tempranas de la demencia que amenazan con tomar el control.
Hay algunos puntos débiles en la película pues, a mi parecer, no encaja en el conjunto de la película una secuencia musical en la que  todos los personajes cantan el tema del País de Nunca Jamás como si de una película musical más se tratara, pero también tiene muchos puntos fuertes, como eludir la religión y la política, no adoptar una perspectiva humanista sobre el derecho a morir y el ritual doloroso de la separación, además de tratar temas como la sexualidad y la homosexualidad en una edad avanzada.
La fiesta de despedida afronta la cuestión provocativa de la eutanasia con inteligencia, sensibilidad y una gran dosis de humor negro. No siempre la muerte es más dura y triste que la propia vida, y gracias a esta película podemos creer que la muerte no es tal vez tan terrible como parecía ser.

Nota: Crítica recuperada y editada de su publicación con motivo de la 59 SEMINCI. 

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