Ciclo Billy Wilder: ‘Días sin huella’ (1945)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: Días sin huella
Vista con ojos del siglo XXI, esta puede parecer una película más sobre el tema del alcoholismo, pero resulta que Días Sin Huella es la primera. En 1945 no era fácil hacer una película que pusiera de manifiesto las miserias de la adicción al alcohol en una sociedad en la que beber era considerado en muchos ambientes como un signo de virilidad. Los hombres duros bebían, mucho, y no se emborrachaban, o al menos eso nos habían hecho creer las películas hasta entonces.

Tuvo que ser Billy Wilder el que tuviera la valentía de abrir un camino que después seguirían muchas otras como la fantástica Días de Vino y Rosas de Blake Edwards o más recientemente Leaving Las Vegas de Mike Figgis con la mejor (acaso la única buena) interpretación de Nicolas Cage. 
En 1945, tras haber obtenido un gran éxito con Perdición, Wilder ya había conseguido ser respetado como director en Hollywood, pero fue con The Lost Weekend o cómo se la conoce en España Días Sin Huella con la que alcanzó gran notoriedad. Obtuvo el Grand Prix del Festival de Cannes y el premio de interpretación masculina para Ray Milland, así como cuatro premios Óscar de los siete a los que estuvo nominada, incluyendo los correspondientes a mejor película, mejor director, mejor guion adaptado y mejor actor. 
El guion supuso la tercera colaboración con Charles Brackett tras el impasse de Perdición en la que Brackett no quiso colaborar pues, siendo cómo era él un ferviente católico, no se sentía cómodo con una historia tan sórdida y alejada de los valores morales en los que él creía. 
Juntos de nuevo, Wilder y Brackett, adaptaron la novela de Charles R. Jackson para crear un guion que como en todas las películas de Wilder es el esqueleto sólido y firme sobre el que se anclan todos los demás elementos de la película. Wilder volvió a contar con gran parte del equipo técnico que tan buen resultado le había dado en Perdición, así, Miklós Rózsa vuelve a ser el autor de la banda sonora y John F. Seitz el responsable de una contrastada fotografía en blanco y negro, que con su talento para utilizar las sombras como elementos activos del plano, creará una atmosfera desasosegante que Wilder aprovechará magníficamente para dirigir con acierto esta película dura, seca, áspera y dolorosa. Ya saben, Billy Wilder, el que sólo sabía hacer comedias. 
Ray Milland volvió a ser el actor elegido para el papel protagonista tras haber protagonizado ya otro film de Wilder, El Mayor y la Menor, y tuvo en Don Birnam el personaje que más éxito le proporcionó durante toda su carrera y por el que sin duda ha pasado a la historia del cine, no en vano obtuvo el Óscar, el Globo de Oro, el Premio del Círculo de Críticos de Nueva York y cómo se ha dicho, el premio de interpretación en Cannes.

Ciclo Billy Wilder: 'Días sin huella' (1945)

Don Birnam se nos aparece como un escritor en plena crisis creativa, pero en realidad, como él mismo asumirá, es un escritor que no ha escrito nada de valor en su vida. Hombre acomodado, culto y refinado, ha encontrado en el alcohol su sostén y su punto de fuga. Ajeno al daño que su autodestrucción causa a los demás, aborda una auténtica bajada a los infiernos a lo largo de un fin de semana, “El fin de semana perdido” al que hace referencia el título, en el que comienza engañando a su hermano (Phillip Terry) y a su novia (Jane Wyman) para emprender una carrera hacia el abismo en el que a lo largo de sólo dos días llegará a delinquir, a pasar una noche en un pabellón psiquiátrico para alcohólicos, y a arrastrarse literalmente por una ciudad, Nueva York, que se le presenta hostil y aciaga cuando en el culmen del patetismo recorre todas las tiendas de empeño para conseguir unos dólares a cambio de su máquina de escribir, el último objeto que todavía le aferra de manera tangible a su condición de escritor. Esta secuencia, en la que un derrotado Ray Milland da lo mejor de sí mismo, es acentuada con verdadera pasión por la música de Miklós Rózsa para clavarse en el espectador que asiste impotente a la autodestrucción de un hombre que se deja caer al vacío de forma metafórica y literal, su caída por las escaleras es tan devastadora como su delirium tremens magníficamente recreado por Wilder que no filma un plano de más. Ni de menos.
En esta huida hacia ninguna parte a la que se ha lanzado en solitario, Don Birnam/Ray Milland no estará sólo, y como también es marca de la casa en el cine wilderiano, los personajes secundarios serán absolutamente fundamentales. Por un lado tenemos a Gloria (Doris Dowling), la puta buena, una especie de presagio de lo que será un personaje característico de las películas de Wilder (Irma la dulce es sin duda el mejor ejemplo), por otro lado a Nat (Howard Da Silva), el barman antipático y hostil pero con buen corazón, en tercer lugar al abnegado hermano que miente por él hasta que no puede más, y por último tenemos a su novia Helen interpretada con dolorosa sensibilidad por Jane Wyman, creando uno de los ejemplos de amor incondicional más grandes que jamás he visto en el cine; conmovedoras serán sus palabras al enfrentarse a la realidad del alcoholismo de su novio “¿Rendirme?, ¿por tener un rival?, ¿Por qué estés enamorado de esto (la botella)?. No me conoces, voy a luchar, luchar y luchar”.

Ciclo Billy Wilder: 'Días sin huella' (1945)
Consciente de su miseria, de vivir gracias a la caridad de su hermano, y de hacer daño a cuántos le rodean, Birnam llegará a asumir su condición de enfermo, pero por encima de su alcoholismo, él se encuentra enfermo de anemia moral, tal y como se autodiagnostica frente a Helen.
Wilder realiza una película de estructura perfecta, simétrica en la disposición de los planos secuencia con los que comienza y termina el film, y únicamente se sirve de dos flashbacks para interrumpir ese fin de semana en el que transcurre la película. En el primero de ellos para narrar como Birnam conoció a Helen en la Ópera, tras una representación de La Traviata (Libiamo, claro está) al intercambiarse los abrigos merced a un error del encargado del guardarropa; y en el segundo para mostrar la caída del caballo de Birnam, que comenzará a ser consciente de su miseria y por primera vez se avergonzará de sí mismo.
Pero al margen de la estructura, la dirección de Wilder se manifiesta magistral en la utilización de los objetos como elementos discursivos por si mismos: el abrigo, la botella, la máquina de escribir y el espejo son tan protagonistas de la película como los propios actores, juntos, objetos e intérpretes, sirven a Wilder para crear una película inolvidable.

*** 
Días Sin Huella está editada en España en DVD y en Bluray. El DVD editado por Universal lleva varios años en el mercado con una calidad de imagen y sonido más que aceptable, aunque se trate de una edición muy sencilla sin extras. En cuanto al Bluray, editado por Layons, se trata de una edición muy pobre en formato Bluray grabable cuya compra no recomendamos. Existe una fantástica edición británica del sello Eureka con altísima calidad y cargada de extras, pero lamentablemente no tiene audio ni subtítulos en español.

Edición DVD

Características del DVD:
  -Contenido: 1 Disco.
  -Imagen: Fullframe 1:33:1. Blanco y negro.
  -Audio: 2.0 Castellano, Inglés, Italiano y Ruso.
  -Subtítulos: Múltiples incluyendo Castellano.
  -Duración: 96 minutos.

Edición Blu-ray

Características del Blu-ray:
– Contenido: 1 disco.
– Imagen: 1:37:1. Blanco y negro.
– Audio: 2.0 Inglés y Castellano.
– Subtítulos: Inglés y Castellano.
– Duración: 96 minutos.


La novela de Charles R. Jackson está editada en España por Alianza Editorial en formato bolsillo, puede encontrarse aquí: novela.

Crítica perteneciente al ciclo dedicado a Billy Wilder, cuyo índice podéis encontrar aquí.

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