Crítica de ‘Pasolini’: Homenaje fallido con nocturnidad y alevosía

Las críticas de Óscar M.: Pasolini
Cuando están a punto de cumplirse cuarenta años del asesinato de Pier Paolo Pasolini, Abel Ferrara intenta con la película titulada simplemente Pasolini rendir un homenaje póstumo a la figura del cineasta, poeta, escritor y creador italiano recreando los últimos días de su vida.
Pero Ferrara se queda demasiado en la superficie, mezclando trozos de entrevistas ficticias, escenas de las películas del cineasta (tanto recreándolas como incluyendo proyecciones de las originales), fantasías oníricas y escenas de la vida cotidiana del creador italiano, para relatar los últimos días de Pasolini, que van desde la promoción de Saló o los 120 días de Sodoma (su última película) hasta su asesinato, donde el director pone imágenes a la última teoría del crimen.

El resultado es una inclasificable producción que no termina de centrase y se queda a medio camino entre varios géneros: comienza como un documental, intenta ser una película biográfica para luego convertirse en un drama costumbrista que refleja un día cotidiano de Pasolini y continúa con un batiburrillo de escenas inconexas y poco claras, que mezclan la realidad y la ficción y dejan al espectador descolocado.
Es necesario hacer un análisis posterior al visionado, para reordenar las escenas, separar la realidad de la ficción o intentar adivinar la intención de Ferrara con la inclusión de escenas sexuales explícitas y su lugar en el conjunto de la película (escenas que sirven de homenaje directo al cine del propio Pasolini, donde el sexo -hetero u homosexual- era un elemento importante, destacado e inseparable de la vida).
Ayuda un poco a tal proceso la lectura del argumento inicial, el cual queda desdibujado (y hasta puede llegar a desaparecer) en este intento por recrear el lado oscuro de la vida de Pasolini, sus implicaciones políticas y sus oscuras últimas declaraciones en entrevistas a raíz de las críticas de Saló.
Tal vez, por intentar aportar algo de luz a la vida del italiano y a su asesinato, la mayoría de las escenas casi siempre transcurren de noche o en lugares sombríos, las cuales pueden presumir de una cuidada fotografía, unas localizaciones excelentes y una ambientación realista, y ahí es donde Pasolini consigue trasladar al espectador a mediados de los años setenta.
El director juega con la fantasía del propio Pasolini, incluyendo escenas que parecen filmadas por el propio Pier Paolo, pero se aleja tanto y lo hace de forma tan externa que no consigue ahondar en el espectador, ni siquiera utilizando a Ninetto Davoli (uno de los actores fetiche de Pasolini) en la reproducción de la que hubiera sido la siguiente película del realizador, Porno-Teo-Kolossal.
Ferrara tampoco consigue sacar lo mejor de Willem Dafoe, el cual copia gestos, poses y utiliza las gafas reales de Pasolini o viste ropa similar. El actor no termina de estar mimetizado con el personaje, ni consigue hacerlo suyo, sólo parece Dafoe posando en pantalla como si fuera Pasolini y no ayuda que el director haya decidido (con polémica incluida) que los personajes deban mezclar el italiano y el inglés en las conversaciones, dando poca credibilidad a los diálogos.
Ferrara sí consigue con Pasolini alejarse de la típica película biográfica basada en escenas “cortadas y pegadas” de la vida del personaje protagonista, pero no alcanza una implicación sentimental ni arrastra a la audiencia al interior de la oscura y polémica figura del director italiano.

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