Crítica de ‘Kingsman: Servicio secreto’: Divertida y adolescente versión del mundo del espionaje

Las críticas de Óscar M.: Kingsman: Servicio secreto
El director Mattew Vaughn, que hace cinco años nos deleitó con los superhéroes más realistas de Kick ass – Listo para machacar y supo reflotar la saga de mutantes con X-men: Primera generación, vuelve a basarse en una novela gráfica de Mark Millar (que esta vez viene acompañado de Dave Gibbons) para ofrecernos una nueva perspectiva del mundo del espionaje con Kingsman: Servicio secreto.
La asociación Millar-Vaughn ya demostró ser claramente contracorriente, brutalmente descarada y muy sangrienta. Kingsman: Servicio secreto recoge dignamente el testigo y vuelve a convertir a la adaptación cinematográfica del cómic “The secret service” en un espectáculo de aventuras protagonizado por espías británicos para adultos con mucho humor negro.

Si Kick ass se permitía el lujo de reírse y parodiar el mundo de los superhéroes, Kingsman: Servicio secreto hace lo propio con el subgénero del espionaje, variante novelesca y cinematográfica del género de acción. Y lo demuestra desde su planteamiento principal, como si fuera la primera entrega de Harry Potter (con una historia familiar trágica, un semiadolescente problemático y una oportunidad de conocer “otro mundo”), continuando por un entrenamiento en el Servicio secreto y selección de personal al más puro estilo de las películas de espías para adolescentes (Spy kids o Superagente Cody Banks).
Consiguiendo atraer a la audiencia con un puñado de veinteañeros cachas enseñando carne, un montaje rápido y a la vez obsesivamente visual al ritmo de una música cañera (tanto la composición de Henry Jackman y Matthew Margeson, como la selección musical son de lo mejor en banda sonora que se ha hecho desde Trance de Danny Boyle) y una capacidad de autoparodia desternillante.
Pero Vaughn va mucho más allá y convierte la película en un festival de mala leche, referencias al mundo del cine, la televisión y la literatura (lógicamente la sombra de la saga James Bond planea por toda la trama, pero hasta las referencias al Rey Arturo son bastante divertidas), apariciones estelares y asesinatos por doquier, abusando de forma inteligente de los retoques por ordenador en postproducción hasta el extremo (como con las explosiones craneales o los disparos a quemarropa). Un sangriento y divertido circo para los ojos que provocará más de una carcajada descontrolada en el espectador (y no sólo por los diálogos).
Unos giros argumentales inesperados muy bien planteados y un trabajo de producción excelente terminan por confirmar el arduo trabajo de un equipo que demuestra que ha trabajado hasta la saciedad para hacer pasar un rato entretenido y divertido a la audiencia, donde nada se ha dejado al azar y los pequeños detalles visuales son altamente valorables, como en la propia película, la precisión es lo más importante.
Lógicamente se han hecho cambios respecto al cómic: el asesino ayudante del villano de la historia ha pasado a ser una mujer (hubiera sido demasiado que fuera un hombre musculado con dos piernas ortopédicas) y se ha aportado un toque más juvenil hasta la introducción del protagonista en el servicio secreto (incluso hay escenas menos sangrientas).
Colin Firth está elegante al mismo tiempo que exquisito en su papel de agente británico y Taron Egerton (a pesar de su corta experiencia) también está a la altura, con una interpretación comedida y adecuada. Pero el trabajo vocal de Samuel L. Jackson es hilarante (es recomendable verla en versión original), con una excelente dicción defectuosa consigue que el espectador esté al borde de la carcajada constante, sin ser histriónico construye un villano magnífico y maniático como pocos.
Kingsman: Servicio secreto tiene todos los ingredientes para convertirse en un éxito descarado y destacado del cine, como lo fue Kick-ass, y, lo que es mejor, es un ejemplo de película de espías de evasión, fantasía y diversión.

También te puede interesar

Deja un comentario