Crítica de ‘La reconstrucción’: Las dificultades de superar un grave problema familiar

Las críticas de David P. “Davicine”: La reconstrucción

El cuarto largometraje del director argentino Juan Taratuto, La reconstrucción, supone un cambio de género y un alejamiento de la comedia para presentar una historia más dura, no sólo en su trama, sino en su forma y su tono.
Eduardo es un obsesivo y eficiente trabajador de la industria del petróleo, desconectado de cualquier tipo de emoción. Parece haber archivado su historia en uno de los cuartos de la casa que habita en Río Grande. Su solitaria rutina se ve alterada cuando es convocado a trasladarse hasta Ushuaia por unos pocos días. El viaje y el reencuentro con un viejo amigo y su familia lo ponen a prueba, y hacen que algo en él se ponga en movimiento permitiéndole reconstruir su pasado, su presente y quizá su futuro.

Trasladar la acción a la Patagonia, saliendo de las grandes ciudades de las que estamos tan acostumbrados, es un gran acierto, pues otorga un carácter y personalidad a la película que se complemente a la perfección con las sensaciones de los protagonistas, transmitiendo tristeza y abandono. El ambiente aislado y neutro, lejos de vínculos familiares, está rodado con un gran trabajo de arte por la luz y los colores, incrementando las sensaciones que transmite.
La película se centra en mostrar el dolor que la vida nos inflinge, los efectos secundarios de los sucesos que acontecen a nuestro alrededor, y nuestra propia reconstrucción, no tanto física como mental. 
Aunque sea una película con gran componente dramática, mantiene la esencia de las películas anteriores del cineasta, pues al igual que en No sos vos, soy yo, ¿Quién dice que es fácil? y Un novio para mi mujer, muestra con gran detenimiento y profundidad las relaciones humanas, aunque ahora de forma más dura. 
El actor Diego Peretti es el encargado de dar vida de forma magistral a Eduardo, introduciéndonos en su particular y áspera vida, reflejada no sólo en su comportamiento, sino que se ve incrementada la sensación por la fotografía de la película, repleta de paisajes oscuros y fríos, lejos de la gran ciudad. Con pocas palabras debe expresar todos sus sentimientos, sus preocupaciones, y es, a través de sus acciones, como iremos conociendo los motivos por los que pasa los días con gran pena y amargura, con la máscara de un hombre impasible. 
Claudia Fontán acompaña a Peretti en este viaje de reconstrucción personal, dando vida a una mujer que tan sólo desea ser consolada, querida y acompañada. Las mejores escenas de la película tiene lugar con la química generada entre ambos, no como en otros títulos una química sexual, sino más bien afectiva.
Alfredo Casero completa el reparto adulto demostrando que sabe lo que es un drama, y da forma a los momentos más dramáticos con gran soltura, y a los momentos emotivos en los que está perfectamente sintonizado por las actrices que dan vida a sus hijas.
Puede que se vea en la distancia que algunos aspectos de la “autoayuda” que La reconstrucción muestra sean algo manipuladores, pero la película maneja a la perfección los temas principales de muerte, dolor, superación y adaptación, todo ello conseguido con gran sensibilidad, buenas interpretaciones, y una riqueza narrativa repleta de matices. Una película muy personal sobre segundas oportunidades.

Nota: Crítica recuperada y editada de su primera publicación con motivo de su visionado en la 58 SEMINCI.

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Un comentario sobre “Crítica de ‘La reconstrucción’: Las dificultades de superar un grave problema familiar

  • el 25 enero, 2015 a las 4:52 pm
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    La vi en la penúltima edición de Seminci y me gustó muchísimo. Es una de esas películas lentas para las que merece la pena tener paciencia.

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