Crítica de ‘La familia Bélier’: Comunicar es más que hablar

Las críticas de Carlos Cuesta: La familia Bélier
La primera vez que vi y escuché a Louane Emera ella trataba de entrar en el concurso francés de talentos musicales The voice. Por eso el dinámico y atractivo trailer de La familia Bélier, en la que trabaja como protagonista, me parecía un buen truco de marketing para enmascarar una película mediocre que aprovechara el tirón de su popularidad entre los jóvenes. Me alegra constatar que mis desconfiadas presunciones eran equivocadas y que se trata de una buena comedia que aprovecha el poder que la música tiene para emocionarnos.
Paula Bélier (Louane Emera) es la única persona oyente de una familia de personas sordas que vive en una explotación ganadera del centro de Francia. Ella trabaja para mantener al ganado, vender los quesos que producen a los clientes y resolver otros problemas que precisan una capacidad de habla verbal que sus allegados no tienen. Su vida se complicará aún más cuando su padre decida presentarse a las elecciones municipales para impedir decisiones del alcalde que van contra los intereses de la localidad. Las pretensiones de sus progenitores acabarán por volverse incompatibles con la preparación de concurso musical, después de que un profesor del instituto (Eric Elmosnino, Gainsbourg) haya descubierto en ella una voz prodigiosa.

No puedo negar que la película ofrece algunas secuencias un tanto flojas y que algunos de los estereotipos que se podrían esperar de ese argumento acaban por confirmarse. Sin embargo me parece más interesante reparar en el humor jococo y bien articulado en torno a los padres sordos (Karin Viard y François Damiens), en las cómicas salidas de tono del airado profesor y en los certeros mensajes que aborda la película acerca de la comunicación y la incomunicación humanas.

No me paro tampoco a pensar qué grado de acierto hay en la frase “ser sordo no es una discapacidad, es una identidad” porque la película plantea la cuestión de forma convincente. Para el padre que se presenta a las elecciones su sordera es sólo una circunstancia que le complica el éxito, lo mismo que pudo condicionar en otro sentido la elección de Obama como presidente, tal cual lo expresa el propio personaje. Es el carácter del patriarca Bélier y no su incapacidad para oír o hablar lo que más le aleja de sus propósitos políticos.
Eric Lartigau (Los infieles) acierta con los caminos narrativos que conducen al espectador a sentirse sordo en ciertas escenas clave; con el tono tierno de la historia de amor adolescente que se desarrolla emparejada al relato de unidad familiar que explota en toda su emotividad gracias a la canción Je vole de Michel Sardou, cuya letra encierra el sentido último de la película. El clímax de la historia te provoca un auténtico nudo en la garganta. Un hábil manejo de la comicidad y los sentimientos logra que las escenas musicales sean una parte bien integrada de la película y no el único motivo para verla.
La familia Bélier se esmera en mostrarnos el lenguaje de signos como una forma de expresión al nivel de cualquier idioma y el guión termina por evidenciar que el compromiso y el deseo de llegar a las personas es más importante para la comunicación que la palabra en sí misma. La lírica de la composiciones escritas para Sardou y la gran voz de la actriz son el principal instrumento para llegar afinadamente a esta conclusión, pero también lo es un trabajo interpretativo notable de los personajes centrales. En definitiva, un agradable descubrimiento y una emotiva experiencia.
Nota: El estreno en España de esta película visionada en Francia esta previsto para el 20 de febrero de 2015 de la mano de Vértigo Films.

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