SEFF 2014. Sección Oficial. Crítica de ‘Hungry Hearts’

Las críticas de Fernando Quintero en el SEFF 2014: 
Hungry Hearts

Uno de los logros de Hungry Hearts es bordar sus dos caras: la de embriagadora historia de amor en sus comienzos, y la de película de terror claustrofóbica (que le ha valido comparaciones con La semilla del diablo) según avanza. Jude (Adam Driver, Girls, Inside Llewyn Davis) y Mina (Alba Rohrwacher) se conocen al quedarse encerrados en el baño de un restaurante chino. Así empieza el más intenso de los amores en medio del fragor de Nueva York, que será puesto a prueba cuando la vida del bebé que tienen esté en juego por peligrosos desacuerdos sobre cómo criar al niño. Copa Volpi al Mejor Actor y Actriz en Venecia para Driver y Rohrwacher.

El drama psicológico es un género de cine que consiguen llevarlo a cabo muy pocos directores de manera eficiente y para encontrar una época digna de éste, tenemos que trasladarnos a los años donde Hitchcock nos aterraba con una bandada de pájaros. En este sentido, gusta que no abunden películas de este género actualmente, porque cada vez que aparece una de ellas, o crees que has perdido el tiempo o te quedas boquiabierto. En el caso de Hungry Hearts, el último ejemplo es válido para definir la sensación con la que te quedas.

La perfección es algo que no existe. Algo puede llegar a ser muy bueno, de una calidad sobresaliente, rozando la perfección y no me equivoco al decir que el conjunto que forma Hungry Hearts hace que esta película esté en este punto. ¿Las claves? Un guión soberbio, una dirección magnífica, las interpretaciones de los protagonistas majestuosas, y los planos y las sintonías colocados de manera estratégica para dar la sensación de tensión.

Que comparen tu cine con una mezcla de películas de Alfred Hitchcok y Roman Polanski debe significar la magnificencia de tu obra. A este punto han llegado algunas de las críticas y no es para menos. En el caso de Roman Polanski es obvio. El guión lleva una similitud a La semilla del diablo, no siendo lo único en lo que se parecen estas dos películas y por otro lado, la semejanza con el cine de Hitchcock, la tensión, esos momentos de angustia… en resumen, Hungry Hearts tiene todas las de ganar para alzarse con algún premio importante en este festival, al igual que ya lo hizo en Venecia.

Sin duda alguna, la presencia de Adam Drive es por la que la película pueda llegar a cosechar un cierto éxito. Dejando de lado este pensamiento comercial, hay que alabar la gran actuación del actor. Su imponente estatura no es rival para su compañera de reparto, que no es que lo eclipse, pero complementan una gran pareja dramática y esto ha quedado demostrado y plasmado durante el rodaje de la película. Todo lo que se diga de Drive es de sobra conocido, por eso mismo hay que centrarse en la actriz italiana Alba Rohrwacher, quien no se ha dejado empequeñecer ante un actor internacionalmente conocido y le ha sabido plantar cara en todos los aspectos. La presencia de esta actriz esta presente en todos y cada unos de los planos de la película, incluidos aquellos donde no se encuentra presente. Consigue dar la tenebrosidad exigida por su personaje y, de un momento para otro, se refleja un cambio de registro digno de cualquier actor salido del New York Film Academy.

Un punto a remarcar es el vestuario utilizado para el personaje de Alba Rohrwacher. Su parecido físico con Mia Farrow es obvio, pero si a eso le sumas el color de las prendas que utilizaba esta actriz en La semilla del diablo, hace que su interpretación sea digna de admiración en cuanto a la semejanza que puede tener con esta actriz. Algo nada desdeñable.

Otro gran elemento fundamental para lograr que esta película haya conseguido colarse entre las favoritas, es el juego de planos y lentes. Es curioso este último caso, teniendo en cuenta que últimamente la psicología de los personajes es conseguida por otros medíos, pero la sensación de demencia es lograda en toda su magnitud con el conjunto de tres características, las mencionadas lentes, el plano en picado y la sintonía que acompaña a la escena a modo de violines y violoncelos, algo típico del cine “clásico”.

Con un cine al que últimamente, y por desgracia, ya no estamos acostumbrados a ver, Hungry Hearts se ha convertido en una película que no es que haya entrado en las quinielas para ganar en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, sino que es capaz de convertirse en un futuro clásico del drama psicológico. La tensión que produce en la transición de la película es meritorio y digno de ser analizado en profundidad, así como el gran guión que ha conseguido que esta historia cree en el espectador una sensación de ahogo psiquico.

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