Crítica de ‘Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso’

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso 

 

Hay dos errores que se pueden cometer con esta película: el primero es ver el tráiler y el segundo tomársela en serio. Del primer error ya no tengo escapatoria, exactamente las cuatro carcajadas que dejé escapar viendo el tráiler han sido las mismas cuatro que he soltado viendo la película. En el primer caso, cuatro carcajadas en dos minutos arrojan un buen promedio, pero llevadas a los ochenta que dura la película pueden resultar un tanto escasas.

 
Del segundo error me voy a librar, y que conste que he estado a punto de cometerlo, he estado a punto de tomarme la película en serio y empezar a escribir aquí una serie de tonterías acerca de las dificultades de la conciliación laboral y familiar, de lo tormentosa que puede resultar la adolescencia, de la convivencia entre hermanos y bla, bla, bla… No. Esta película ha sido concebida como un puro divertimento, no para clausurar el Festival de Cannes.
 
Y abordándola desde este punto de vista, que creo es el menos dañino, la película da exactamente lo que promete y no engaña a nadie. Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso (caray con el titulito de marras) es un producto Disney pero de los de la vertiente Disney Channel (con un cerebro un poquito más pequeño que los de Disney animación) apropiado para todos los públicos e idóneo para pasar una tarde de cine familiar, la mayor parte de los gags son bastante blancos y los que tiran un poco a blanco roto no son captables por la gran mayoría de los niños.
 
Una familia más o menos arquetípica (todo lo arquetípico que se pueda considerar hoy tener cuatro hijos) atraviesa un día lleno de altercados, accidentes y disgustos que parecen estar relacionados con el hecho de que sea el cumpleaños de Alexander, el tercero de los hijos y a través del cual está hilvanada la trama. Un Steve Carell bastante comedido en su gestualidad interpreta al padre en un papel loco hecho a su medida, y Jennifer Garner con bastante gracia y acertada comicidad da vida a la madre. El casting de los hijos es manifiestamente mejorable, ni Dylan Minnette como el atolondrado hijo mayor, ni Kerris Dorsey como la pelín repelente hija, ni el propio Alexander interpretado por Ed Oxenbould me han parecido ningún hallazgo, y actores con mayor empatía con la cámara habrían elevado bastante el nivel de la película.
 
El guión firmado por Lisa Cholodenko y Rob Lieber está basado con muchas (pero muchas) libertades en un cuento infantil del mismo título, escrito por Judith Viorst y publicado en 1972. El problema es que son tantas las concesiones que el guión hace los gags visuales con el objeto de hacer reír, que no hay mucha uniformidad en los diálogos y algunos están escritos con brocha gorda; si a esto sumamos algún chiste idiomático que con la traducción pierde todo el efecto cómico y algún exceso escatológico nos quedamos con un poco menos de lo exigible. Como siempre en las producciones Disney no faltan guiños autorreferenciales a otras películas de la compañía, y aquí es muy de agradecer un entrañable cameo, que ya que los editores del tráiler han tenido el buen gusto de no destripar, no seré yo quien lo desvele aquí arruinando a los espectadores una de las pocas sorpresas que el tráiler les deja.
 
La acertada dirección corresponde a Miguel Arteta, un hombre más de televisión que de cine, dicho sea esto sin querer implicar ningún menoscabo a su trayectoria, en su currículum figuran entre otras series importantes, varios episodios de A dos metros bajo tierra, una de las mejores series que ha alumbrado la televisión en los últimos años, y son muchas. Arteta sostiene el ritmo de la película y arregla con acierto algún destrozo que el guión podría haber causado en el film.
 
En definitiva, un divertimento bienintencionado para pasar el rato. El que quiera hacer lecturas familiares y/o sociales, libre es de hacerlo, pero no voy a servirles yo de ayuda.
 

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