Crítica de ‘Coherence’: Eso mismo es lo que le falta a esta película

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Coherence
¿Qué pasaría si mezclaras el Ángel exterminador de Buñuel con un episodio de Los límites de la realidad? La respuesta está en Coherence, primer largometraje del director y guionista James Ward Byrkit, responsable, junto a otros, del guión de Rango, y que en esta ocasión se pone detrás de la cámara para contar una historia de ciencia ficción con un magnífico comienzo que te mantiene en vilo hasta dar un patinazo y estrellarse sin remedio en la mediocridad
Un grupo de amigos se reúne una noche a cenar en una casa. El evento coincide con el paso muy cercano a la Tierra de un cometa cuyo efecto hará que las realidades se desmoronen, encerrando a los protagonistas en una pesadilla de identidades y confusión dentro de una atmósfera claustrofóbica, no sólo por las paredes que les aprisionan sino por los secretos que el grupo guarda. 
Con una base cimentada en la física cuántica, Coherence demuestra que lo inquietante no sólo se esconde tras lo desconocido, sino que tras las teorías científicas también se encuentran juegos paradójicos que pueden desquiciarnos. De este modo, el espectador entra fácilmente en la historia e incluso se engancha a ella a la espera de una resolución tan brillante como su inicio. Desgraciadamente ésta nunca llega. 
A un esqueleto de guión incompleto hay que criticarle un racimo de personajes estereotipados. El alcohólico, la morena sexy y un poco golfa, la mística y la rubia, que aquí no es tonta, pero de poco le sirve no serlo. Un desfile de personajes que no sacan lo mejor de los actores que los interpretan, y es una pena, porque siempre se agradece los directores que apuestan por nombres poco conocidos. Cabe destacar entre ellos al resucitado Nicholas Brendon (Xander en la serie Buffy, cazavampiros) y a Maury Sterling (Homeland, El equipo A), sin embargo, ninguno de los interpretes aquí consiguen que simpatices con su personaje, aunque no se les puede culpar a ellos, la historia se precipita tan rápido hacia la acción principal que todo lo que conocemos se limita a un par de conversaciones alrededor de la mesa, un parloteo intermitente e inconexo que poco ayuda al guión. De hecho resulta sorprendente que entre los cuatro galardones que tiene la película entre el Festival de Sitges y el de Amsterdan, se encuentre uno del primero al mejor guión original, sobre todo si tenemos en cuenta que en esa misma edición la impecable aunque extraña Enemy no estuvo siquiera nominada a mejor guión adaptado. 
Poco favor le hace también la cámara en mano excesivamente tambaleante, que marea al espectador y llega incluso a robar protagonismo a la escena. Eso, sumado a un trabajo de edición incoherente que, por alguna razón que no llego a entender, intercala un fondo negro entre escena y escena, consigue que la película parezca una continuación de tomas de  los personajes en distintas situaciones que, con un guión deficiente, no consiguen hacer fluir la historia. 
¿Por qué deficiente? Bueno, cuando decides aplicar la ciencia a una película de ciencia ficción que juega con el terror psicológico, el exceso de casualidades me parece imperdonable. Es más, al jugar con la paradoja de las realidades mezcladas,  James Ward Byrkit se permite la trampa de enredar todo al máximo para que llegue un momento en el que no sepas que está pasando y todo lo des por bueno. Hasta eso se hubiese perdonado si no fuera porque en el último momento Byrkit intenta dar un final satisfactorio y cerrado que no entra ni con calzador ni con lubricante en la locura de los ochenta minutos previos. 
La incoherencia de Coherence es precisamente haber intentado hacerla coherente. 

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