59 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Diplomacia’ (‘Diplomatie’): Un gran juego interpretativo a dos bandos

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 59 SEMINCI:
Diplomacia (Diplomatie)

La película del cineasta aleman Volker Schlöndorff, Diplomacia, se centra en una noche calurosa, la del 25 de agosto de 1944. Los aliados entran en París. Poco antes del amanecer, Dietrich von Choltitz, gobernador militar alemán, se prepara para ejecutar las órdenes de Hitler de volar la capital francesa. Sin embargo, París no se destruye. ¿Por qué razones Von Choltitz se niega a llevar a cabo las órdenes del Führer, a pesar de su lealtad sin límites al Tercer Reich? ¿Fue Raoul Nordling, cónsul general sueco de París, quien hizo cambiar de opinión al general?
Casi en tiempo real vivimos lo acontecido dentro de una habitación entre Von Choltitz y Nordling. Hay más personajes, unos pocos más escenarios, y algunos planos majestuosos de un París reluciente en contraposición de escenas de archivo de la guerra, pero realmente la película bien podría haberse centrado exclusivamente en los diálogos entre ambos personajes sin necesidad de ver lo que sucede a su alrededor, pues el director, y obviamente los guionistas, han conseguido que nos enganchemos a las conversaciones entre ambos, a pesar de conocer el resultado final sobre París.

Diplomacia, basada en la obra de teatro de Cyril Gely, es un gran juego interpretativo de dos grandes actores franceses: André Dussollier y Niels Arestrup, pues grandes diálogos también necesitan de grandes intérpretes que den solidez a lo que se narra. Pero a la vez también es una forma de honrar a los pequeños personajes que tomaron decisiones relevantes sin necesidad de ser los grandes personajes que han marcado la historia mundial como Hitler o Stalin. Y ellos viven en esta película su particular partida de ajedrez, reflejada sobre la mesa del gobernador con figuras que son usadas, en vez de sobre un tablero, sobre un mapa de París.
Dussollier está excepcional como diplomático astuto cuyos encantos son más poderosos que cualquier tanque aliado, y tiene un gran repertorio de anécdotas sobre la historia local, incluyendo los líos de faldas que la oficina del gobernador ha visto con Napoleón III. Pero debemos destacar el gran trabajo de interpretación de Arestrup, que realmente se mete de lleno en la piel de von Cholitz, un hombre que lleva el peso de varios miles de soldados, por no hablar de toda una población civil, y que sufre bajo esa carga hasta tomar una decisión que marcará el futuro de París.
Mientras que es fácil en la primera mitad de la película que simpaticemos con la lucha de Nordling para salvar la ciudad y, tal vez, millones de vidas, poco a poco la película iguala a ambos actores, y por tanto a ambos personajes, y la balanza se equilibra gradualmente según conocemos más detalles de la horrible situación en la que von Cholitz se encuentra, atrapado entre las tácticas de Hitler y su propio sentido menguante del deber. 
Schlondorff, que nació meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial y estudió cine en Francia -donde comenzó su carrera como asistente de Louis Malle y Alain Resnais– es un director ideal para este material, pues ha pasado su vida en los dos países implicados en esta cruenta historia, y él mismo abordó el tema de la guerra varias veces antes en su carrera, destacando El tambor de hojalata
Diplomacia es menos directa con la horrores de la guerra, centrándose más en el arte de la negociación, y Schlondorff aporta un toque más delicado demostrando que grandes decisiones pueden ser tomadas por peones que no siempre son recordados. 

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