59 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Grietas en el hormigón’ (‘Risse im beton’): Rap y pandilleros en la Viena marginal

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 59 SEMINCI
Grietas en el hormigón (Risse im beton)

Umut Dag demuestra con su segunda película que tiene más habilidad narrando historias que muchos cineastas con más curriculum, siendo capaz de trasladarnos a un barrio marginal de Viena y desarrollar varios personajes que entran en conflicto con la vida que llevan, y ansían salir adelante, dejando atrás su pasado, aunque cada uno a su manera. La primera película de Dag, La segunda mujer, que abrió la Berlinale en 2012, era una historia femenina que transcurría casi en su totalidad en interiores, y ahora estamos ante una historia dominada por los hombres rodada principalmente en las frías calles de Austria, aunque mantiene elementos familiares como la música rap, drogas, deudas y decisiones equivocadas. 
Pandillas, drogas, rap sucio, peleas sucias y sexo sucio: éste es el ambiente del barrio vienés al que regresa Ertan tras pasar diez años en la cárcel. Tiene 35 años y ha perdido todo contacto con su mujer e hijos; ni siquiera su hermano quiere saber nada de él, a pesar de que Ertan ha madurado y quiere evitar a toda costa los problemas. El adolescente Mikail está a punto de cometer los mismos errores que llevaron entre rejas a Ertan. Mikail piensa que el tráfico de drogas le ayudará a financiar su futura carrera como rapero de éxito, y pasa muchas horas en el centro juvenil donde proyecta grabar su primera maqueta. Mikail y Ertan acabarán conciéndose y Ertan verá en Mikail la posibilidad de redimir sus errores ye vitar que otros caigan en los mismos.
A pesar de contar con innumerables clichés de delincuentes en libertad condicional que tratan de llevar por el buen camino a algún joven engañado por el sueño del estrellato como rapero, por lo que  Grietas en el hormigón carece de originalidad, lo compensa con interpretaciones repletas de fuerza y una atmósfera pandillera perfecta, ayudada con una narrativa sencilla y un clímax emocional de alto nivel.
Hemos vivido estas historias en un sinfín de películas, pero Dag infunde cosas con su propia intensidad particular, en el que los personajes no encuentran descanso en ningún momento, están en permanente movimiento, y la cámaras les siguen con gran fluidez.  El director de fotografía Georg Geutebrück da a las calles de Viena una mirada lúgubre, oscura, húmeda y poco acogedora, mientras que la banda sonora de Iva Zabkar logra un buen equilibrio entre la melancolía y la tensión de las luchas callejeras, teniendo gran relevancia los temas rap que incluyen durante todo el metraje.
En cualquier escena, los actores interpretan a los personajes con gran convicción. Desde el momento en el que Ertan (Murathan Muslu) aparece por primera vez, abofeteado por una mujer que no se reprime ante el odio que siente por él, Muslu nos ofrece un personaje cabizbajo, con la postura cansada de un hombre deshecho, destruido por su pasado en la cárcel, pero que lucha por mantener en su interior la fiera del pasado que aún puede resurgir. Muslu consigue plasmar en su personaje la intención de mejorar su vida y su lucha constante contra su propia impulsos, y enfrente tiene en su debut en la pantalla grande a Alechan Tagaev, quien no puede igualar la calidad técnica de su coprotagonista, pero encaja perfectamente en el rol de un chico decente, que aspira a algo más, pero que por circunstancias de la vida es un pandillero más que trapichea con drogas para sobrevivir en la calle.

Grietas en el hormigón es un drama pandillero convincente, repleto de grandes interpretaciones, que encaja perfectamente en cualquier festival con cine de arte y ensayo, donde a pesar de no sorprender con trama o moraleja, tanto la ambientación como la interpretación son motivo más que suficiente para tenerla en cuenta.

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