59 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Whiplash’: Cuando el jazz es emoción en estado puro

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 59 SEMINCI
Whiplash

Whiplash es una extraordinaria película del joven director Damien Chazelle, protagonizada por Miles Teller y J.K. Simmons que, tras su paso por numerosos festivales internacionales de cine como Sundance – donde se hizo con el Gran Premio del Jurado y el Premio del Público –Cannes, Toronto y Nueva York, ha llegado hasta la 59 SEMINCI.

El director, nacido en 1985, se crió entre Estados Unidos y Francia, y antes de cineasta, siendo un adolescente, en 2003 ganó el premio al Mejor Percusionista en un concurso de jazz de centros de enseñanza secundaria de Estados Unidos, así como el premio al Mejor Solista de Sección Rítmica del Festival de Jazz de Dunellen. Viendo cómo fue su adolescencia era lógico que tras estudiar Cinematografía en la Universidad de Harvard y dar el salto a la dirección, pensara en unir ambas pasiones.


Hasta el momento había logrado estrenar su película de graduación, Guy and Madeline on a Park Bench, convertida en su primer largometraje, en el Festival de Cine de Tribeca, pero posteriormente ha escrito guiones de calidad como El último exorcismo 2 y la intensa Grand Piano. La idea de unir el jazz con el cine cogió forma en su cortometraje Whiplash con el que obtuvo el Premio del Jurado del Festival de Sundance de 2013, y ha sido el origen de la película del mismo nombre de la que aquí hablamos.

Andrew Neiman (Miles Teller) es un joven y ambicioso baterista de jazz, absolutamente enfocado en alcanzar la cima dentro del elitista conservatorio de música de la Costa Este en el que recibe su formación. Marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, Andrew alberga sueños de grandeza, ansía convertirse en uno de los grandes. Terence Fletcher (J.K. Simmons), un instructor bien conocido tanto por su talento como por sus aterradores métodos de enseñanza, dirige el mejor conjunto de jazz del conservatorio. Fletcher descubre a Andrew y el baterista aspirante es seleccionado para formar parte del conjunto musical que dirige, cambiando para siempre la vida del joven. La pasión de Andrew por alcanzar la perfección rápidamente se convierte en obsesión, al tiempo que su despiadado profesor continúa empujándolo hasta el umbral de sus habilidades… y de su salud mental.

Cualquiera que haya tenido alguna vez un profesor de instituto o de la universidad manipulador o que se meta con la vida de los estudiantes, sin duda, tendrá recuerdos que emanarán y revivirá con este amargo retrato de una escuela de música en la que la banda principal del conservatorio está dirigida por su instructor estrella, mostrado más como un sargento que manda en un campo de entrenamiento al más puro estilo de La chaqueta metálica.

El instructor con cabeza rapada está interpretado por JK Simmons, quien logra una magnífica interpretación, llena de intensidad, emoción y dureza, todo ello mostrado en la película intimidando, insultando y abusando de su puesto de trabajo en el Conservatorio de Música de Shaffer, que es el número 1 en el país. Simmons, un actor de carácter experimentado que siempre ha estado muy bien, desde Spider-Man a Juno, se apodera del papel sin miramientos, agarrando a su personaje como intimida a los alumnos. “¿Es usted una de esas personas de una sola lágrima?”, le pregunta a Andrew después de una reprimenda pública, mientras una solitaria gota se escurre por la mejilla del joven futuro baterista. Para Fletcher, la hombría y la perfección son indivisibles y, en consecuencia, Andrew termina practicando hasta que sus manos sangran, y a nosotros nos oprime el pecho y nos falta la respiración con tan magnífica interpretación.

Simmons logra un trabajo de Óscar, igualado en esta ocasión por Teller, quien nos muestra un joven intenso que encuentra en la música el sentido que el mundo alrededor de él parece no tener. A los 19 años, Andrew es un baterista dedicado que idolatra a Buddy Rich y ha tomado en serio la transformación de Charlie Parker de bueno a excelente después de un incidente traumático que le indujo a sacrificar un año de práctica intensiva. Teller evoluciona con su personaje acorde a evoluciona su música. Nos va mostrando el camino de sacrificio que requiere llegar a ser un grande, comenzando la película como alguien tímido, pero poco a poco el actor despunta como lo hace su propio personaje, y vemos a la vez su capacidad de ir cogiendo poco a poco confianza en sí mismo.

Visto desde un punto de vista psicológico, el joven es motivado para no seguir el ejemplo de su padre (Paul Reiser), un escritor fracasado que ha acabado siendo un profesor de instituto, y al igual que Reiser, el motivo de enamoramiento de Andrew, interpretado por la dulce Melissa Benoist, no tiene demasiadas ocasiones de lucirse, pero cumple en su rol y en la evolución del protagonista.

Y no podemos dejar de citar a otro personaje más, la música, pues en una película sobre la evolución de un grande del jazz no pueden faltar temas intensos que nos acompañen durante el desarrollo artístico de Andrew. Temas intensos, solos impactantes acompañados de imágenes duras de manos ensangrentadas por lograr tocar los temas en el tiempo adecuado. Especial atención a los temas de jazz de los concursos de música y de los bares con música en directo, sintiendo que estamos allí mismo disfrutando como un espectador más de la banda.

Esta deslumbrante película no es una historia sobre el papel desempeñado por la humillación y el sufrimiento en la creación de un gran artista, sino que es la historia de lo que sucede cuando la gente cree saber cómo debe ser forjado un grande. Nosotros sabemos cuando vemos a un grande, y Whiplash lo es.

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