59 SEMINCI. Sección oficial. Crítica de ‘Dos días, una noche’ (‘Deux jours, une nuit’): Los hermanos Dardenne nos muestran la bondad humana

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 59 SEMINCI: 
Dos días, una noche (Deux jours, une nuit)

Jean-Pierre y Luc Dardenne trabajan de nuevo juntos para deleitarnos con el largometraje Dos días, una noche, protagonizado por Marion Cotillard, ganadora de un Oscar por La vida en Rosa, y Fabrizio Rongione, actor que ha intervenido en gran parte de la filmografía de los Dardenne
Estos hermanos hacen películas sobre tiempos difíciles y duras decisiones, equilibrando miseria humana con actos de bondad que conmueven el alma. Con Dos días, una noche son fieles a su estilo, mostrando un tema más social y usado, pero en sus propios términos y con su integridad intacta.

Sandra, con la ayuda de su marido, sólo dispone de un fin de semana para reunirse con sus compañeros de trabajo y convencerles de que renuncien a sus primas para que ella pueda mantener su trabajo. Una carrera contrareloj  para luchar por uno mismo y asegurarse el futuro de su familia.
Con esta premisa tan actual, en plena era de crisis, podría pensarse que estamos ante un drama de sufrimiento personal, y ciertamente no estamos para ver en el cine los problemas que nos rodean por la calle, pero los hermanos Dardenne logran dar un giro radical en el planteamiento para que la película sea más bien un elogio a la solidaridad, una oda hacia la bondad de la gente que es capaz de dejar a un lado su bienestar por el de otra persona, y es que, si una palabra resumiera el mensaje de esta película, sería “solidaridad”.
Desde el principio nos damos cuenta que no estamos ante la típica película triste, con colores apagados y personajes hundidos. Estamos ante el resurgir de la luz, la luz que emana de cada fotograma, el sol que lo inunda todo y pesa, y que con su luz nos lleva a lo largo de la historia.
Sandra, interpretada magistralmente por Marion Cotillard, es el eje central de toda la película, y nos hace en todo momento sentir su angustia, su depresión, sus ganas de abandonarlo todo y no luchar, pero también nos trasmite esa lucha interior que quizás sea la que haga que mantenga a flote, junto con su marido Manu, interpretado por Fabrizio Rongione, y sobre el que también pesa mucho la trama, pues sin él no habría historia, siendo el motor de ilusión que mueve a Sandra durante esos dos largos e interminables días luchando por su trabajo. Acostumbrados como estamos a ver a Cotillard en anuncios de moda, en roles de bella mujer, siempre está bien que nos cambien su registro, algo que ella sabe hacer a la perfección, y en esta ocasión no sólo es una madre de familia deprimida, sino que es una obrera más.
“Yo no existo”, Sandra se lamenta de esta forma a su marido y nos pone los pelos de punta antes de embarcarse en su aventura de fin de semana. Ella piensa que sus compañeros de trabajo no pueden verla, pero pronto resulta que pueden. Con cada casa se visita vuelve a conectar al mundo, pues Sandra no es la única víctima de esta historia. Sus compañeros de trabajo están sobrecargados de manera similar, trabajando en empleos ilícitos de fin de semana, y necesitando esa prima para sobrevivir dignamente. Y según va visitando a sus compañeros ella ve lo mejor de la humanidad, además de lo peor.
Salvando las distancias, el intento de hacer cambiar de opinión a sus compañeros para que la respalden puede verse como una versión moderna y actualizada de Doce hombres sin piedad con un toque de road movie, pues toda la película se la pasa en la carretera de una casa a otra. Y como en cualquier road movie la banda sonora juega un papel vital, y aquí no iba a ser menos, destacando dos temas que nos permiten ver las emociones de Sandra, por un lado hundida pero que no quiere dejarse llevar por las baladas y canciones triste, así como cuando está exaltada y animada, acompañando en esta ocasión con un tema de rock.
Dos días, una noche es también un retrato del amor y de la amistad, y los hermanos Dardenne esbozan la relación entre Sandra y Manu, así como su amistad con una compañera de trabajo. ¿A quién le importa el final de la película, si están en contra de ella o no? Dos días, una noche es un mensaje claro de bondad, pero también nos dice que la lucha siempre vale la pena, sea cual sea el resultado. Incluso si pierde Sandra, ya ha ganado.

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