Crítica de ‘El hombre más buscado’: La película de espías perfecta

Las críticas de Óscar M.: El hombre más buscado

Estamos acostumbrados gracias al cine a pensar que la vida del espía gubernamental está rodeada de chicas voluptuosas, coches de lujo, carreras contrarreloj, bombas que se detienen en el último segundo, persecuciones imposibles, misiones peligrosísimas, sexo esporádico y muy buena puntería, como ocurre casi siempre en el universo James Bond o en la serie 24.
La adaptación al cine de El hombre más buscado, basada en la novela de John Le Carré es diametralmente opuesta a dicho concepto de espía, por eso es un reflejo más fiel de la sociedad en la que vive el planeta Tierra tras los atentados del 11 de septiembre, con un terror constante a que algún megalómano o fanático de su religión (cualquier religión) quiera hacer pagar a inocentes de sus locuras, delirios de grandeza o psicopatías no medicadas.

La película contiene unas interpretaciones excepcionales, donde todos los actores están de sobresaliente y rozan la matrícula de honor. Ahora es fácil hablar de Philip Seymour Hoffman y alabar sus cualidades como actor, pero en El hombre más buscado es capaz de bajarse de un helicóptero y subirse los pantalones, mientras se mete la camisa por dentro, y lo hace de la forma más natural del mundo, ya quisieran muchos que no saben actuar con una camisa puesta tener tanto talento y tanta tranquilidad delante de una cámara.
Pero, a pesar del protagonismo del personaje de Seymour Hoffman, la película está compuesta por un reparto muy amplio como Rachel McAdams, Grigoriy Dobrygin o Willem Dafoe que dan vida a unos personajes que convencen desde el primer momento y cautivan al espectador sin recurrir al sentimentalismo o atacar por la emotividad, simplemente interpretando a personas corrientes en situaciones extremas.
Gracias a una excelente evolución de estos personajes y a un desarrollo de la historia bastante realista, el guión se toma su tiempo, desarrollando lentamente la intriga, y generando un estupendo interés en el espectador por la historia y la resolución de la trama terrorista, detallando casi hasta la extenuación el proceso de vigilancia al que es sometido el sospechoso (tras un brillante y ágil montaje inicial donde se presenta a dicho personaje).
La tercera película de Anton Corbijn tiene muchos puntos a su favor, mostrando en pantalla las conspiraciones políticas y los engaños y triquiñuelas que hay entre los países para conseguir los laureles de haber encontrado a su terrorista y evitar una masacre, y aunque casi toda la trama gubernamental está desarrollada en despachos y reuniones no se hace pesada si se sigue con interés, está llena de intriga aderezada con el blanqueamiento de capitales, la financiación terrorista, giros de guión inesperados y donde no se ve un arma en ningún momento.
Además, es destacable la cuidada fotografía, la entretenida música entretenida compuesta por Herbert Grönemeyer (que hace más llevadera la duración de la película sin sobresalir por encima de las imágenes), la excelente ambientación y el estupendo aprovechamiento de la arquitectura de Hamburgo, casi un personaje más en una trama de espías e intriga terrorista que convierte a El hombre más buscado en un referente cinematográfico de este año.

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