NOCTURNA 2014. ‘Wax’: Montaña rusa argumental

Las críticas de Óscar M. en Nocturna 2014: Wax
El director Víctor Matellano homenajea de manera particular a Los crímenes del museo de cera y a Pánico en el Transiberiano con Wax, una película que intenta ahondar en los miedos del ser humano encerrando al protagonista durante toda una noche en el Museo de cera de Barcelona para documentar ciertos sucesos extraños.
Matellano utiliza el recurso del “metraje encontrado” en un intento de introducir las nuevas tecnologías y los nuevos métodos de rodaje en el cine, para ello toda la historia se ve a través de las cámaras de seguridad de la instalación y unas cámaras que instala el protagonista, pero los continuos insertos de la vida del protagonista y de los crímenes del asesino deslucen el recurso, provocando demasiados frenazos argumentales en el conjunto (como las poco acertadas escenas de la familia, donde el director confirma que las escenas en espacios abiertos -como las de su incongruente y reiterativo corto La cañada de los ingleses– no son lo suyo).

La narración empieza a un nivel muy bajo y va mejorando a medida que avanza la trama, hasta llegar a una segunda parte que roza la perfección con bastante suspense y tensión bien desarrollado y que atrapa al espectador. Sin embargo, como si de una montaña rusa se tratara, pasado el punto álgido, en el tercer acto la acción va cuesta abajo, hasta que llegamos a una resolución muy pillada por los pelos y cercana a la explicación infantil (por no hablar de la poco adecuada crítica a los programas de televisión basados en la telerealidad y a sus productores sin alma, que desentona con la historia principal).

A pesar de los esfuerzos por realizar una banda sonora acorde con el tono de la película, la composición musical llega a molestar en ciertas escenas, eliminando tensión (donde no debería) o intentando incrementar el suspense y el sobresalto con los típicos altibajos sonoros, pero no logra su cometido y distrae al espectador.

Los excelentes efectos especiales artesanales (no hay efectos de postproducción ni retoques por ordenador posteriores, como el director no se cansa de repetir) realizados por Colin Arthur transmiten un gran realismo y credibilidad en las escenas más tétricas y sangrientas, consiguiendo que el espectador aparte la mirada y se remueva en su asiento. Un gran acierto.
Otro aspecto positivo a favor de Wax es la excelente ambientación que Matellano ha conseguido realizar (junto con la terrorífica iluminación) en el museo, también hay que tener en cuenta que la ubicación (antes de ser un museo fue un banco) ayuda mucho a la historia y es una de las pocas ocasiones en las que la historia está escrita en función del escenario y se aprovecha casi al máximo.
El director ha aprovechado Wax para introducir innumerables referencias al género de terror y fantasía que tanto adora (aunque para ello haya tenido que introducir una escena tan inconexa argumentalmente como la del carruaje), por lo que la película también es un homenaje y un deleite para todos los aficionados a este tipo de cine.

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