Crítica de ‘Transcendence’: Tecnofobia con gran reparto

Las críticas de Óscar M.: Transcendence
El director de fotografía favorito de Christopher Nolan para toda su filmografía debuta en la dirección con Transcendence, una película que puede ser la sorpresa del año tras ser promocionada con tráilers y resúmenes como lo que, definitivamente, no es.
Y no es que sea molesto, es cuanto menos sorprendente cómo han conseguido vendernos un aburrido telefilme con un debate sobre la vida después de la muerte (con conocidos actores) y resulta ser una entretenida película que alerta a las nuevas generaciones sobre los peligros de una sociedad actual que vive excesivamente dependiente de Internet y sus redes “sociales”.

La tecnofobia es el miedo a las nuevas tecnologías y es algo que el ser humano lleva dentro casi desde la fabricación de la primera radio. En algún momento, de alguna forma, la vida humana se verá controlada y delimitada por las tecnologías (hoy en día prácticamente cualquier persona con teléfono móvil, acceso a Internet y un perfil en una red social está inmediatamente geolocalizable) y es algo que George Orwell casi vislumbró en su libro “1984” y la figura de “El gran hermano” (y si nos ponemos cinéfilos, James Cameron hace 30 años).
Transcendence es ideal como precuela de la saga Terminator, de hecho el guionista huye de Skynet como si se tratara de la peste y evita como puede la creación de maquinaria artificial o la sublevación de ellas contra los humanos, acercándose más al arco argumental de la última temporada de Stargate: SG1, pasando por la casa inteligente de la serie Eureka y rozando levemente (como sin darle importancia) La noche de los muertos vivientes.
La película se entretiene bastante mostrando un futuro apocalíptico excesivamente digitalizado, quizás abusa de los planos-detalle en un primer momento (y hasta puede llegar a ser molesto para algún impaciente, aunque todo tiene una explicación) y definitivamente es demasiado redundante con los flashbacks (alguien debería explicar a los alumnos de “Escritura de guión” la poca necesidad de incluir flashbacks reiterativos en una película de dos horas).
El reparto está plagado de caras conocidas, es lo que pasa en este tipo de producciones (y, por extensión, lo que pasará si no se renueva la cantera de actores), que hasta el médico (Wallace Langham) que sale en una escena y tiene una frase ya lo conocemos de la serie El secreto de Verónica o la jefa del grupo anti-tecnología (Kate Mara) hace casi el mismo papel de hija de puta del infierno que tenía en American horror history, aunque esta vez con el pelo teñido de colores.
Así, tenemos a un puñado de actores excesivamente reconocibles como secundarios (de esos que tanto gustan y que son un reclamo de taquilla para el público mayoritario), capitaneados por Rebeca Hall (haciendo casi todo el metraje de Amy Acker) y a Johnny Depp (quien por fin abandona el lápiz de ojos del Capitán Jack Sparrow) en un personaje que está la mitad del tiempo de forma física y la otra mitad en la pantalla de un monitor. Todo muy vanguardista.
Porque Transcendence tiene un tufo a “moderno” de última generación (hay efectos digitales hasta en las pestañas de los actores) que va a gustar mucho a ese grupo urbano conocido como “hipsters”, cuando en el fondo la finalidad es concienciar a la población sobre la importancia de la globalización digital e intentar hacer trascender a la película más allá del cine.

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