Crítica de ‘Open windows’: Trepidante suspense futurista

Las críticas de Óscar M.: Open windows
Las películas de Nacho Vigalondo se caracterizan por una máxima: cuanto menos se sepa de la película, más se disfruta y Open windows no es una excepción. Los espectadores que visionen la película quedarán atrapados casi desde que termine la presentación de la “falsa película” Dark sky: The third wave.
Desde ese momento, el argumento se convierte en una rocambolesca historia y en una trepidante carrera, llena de suspense, giros inesperados y sorpresas, pero todo desde la pantalla del ordenador del protagonista, lo cual da un punto de actualidad y realismo poco común.

Hasta ahora pocas películas habían conseguido que en pantalla apareciera un “sistema operativo” realista y eficaz (que resultara amigable para los poco duchos en informática y que no diera vergüenza ajena a los profesionales), así la película presenta una interfaz futurista, aunque no muy diferenciada de propuestas de software libre existentes hoy en día.
Pero no nos engañemos, aquellos que no manejen Internet, las videoconferencias o los teléfonos móviles con un mínimo de soltura se perderán entre tanto programa y aplicación espía la segunda vez que el personaje interpretado por Elijah Wood cambie de ventana o instale un archivo (cuidado con hacerlo en casa, que en la vida real existen virus).
Vigalondo hace malabares con los constantes cambios de pantalla y de escenas, y con un enorme y destacable trabajo de postproducción ha conseguido que casi toda la película pueda considerarse un tremendamente eterno plano-secuencia.

Y aunque es cierto que la acción decae ligeramente en el tramo final (y que la renderización en 3D deja mucho que desear, por su escasa necesidad llegados a ese punto de la trama), la constante sucesión de acontecimientos ha atrapado al espectador de tal modo hasta ese momento que poco importa la resolución o la identidad del enigmático personaje que guía al protagonista (cuya presencia y voz recuerdan mucho a la del asesino enmascarado de la saga Scream).

Open windows es una maravilla vanguardista que no va a quedar rápidamente desfasada tecnológicamente, como ha sucedido con otras producciones que incluyen ordenadores en su argumento (por ejemplo Johnny Mnemonic o Swordfish, que rozaron peligrosamente la fantasía para no verse acorralados en sistemas operativos poco avanzados).
Elijah Wood, trístemente encasillado en papeles de personajes de entre veinte y treinta años (por su complexión más que por su edad), consigue llevar el peso del argumento interpretando al seguidor algo pardillo de una actriz famosa. Casi toda la película depende de él y su interpretación ante la pantalla del ordenador es bastante real.
Todo lo opuesto a Sasha Grey, la cual puede continuar con su amplia carrera como excelente feladora, porque como actriz (de género no pornográfico) le queda mucho por aprender. Cumple su cometido como la típica actriz tonta y con pocas luces, pero su talento interpretativo con la ropa puesta deja mucho que desear. Por suerte, no consigue estropear la película, ya que casi todo el tiempo aparece amordazada.
Entre los escasos secundarios, destaca Adam Quintero (cuyas contadas intervenciones pasan a ser recordadas como las más divertidas de la película, sobre todo al principio) y las colaboraciones de Carlos Areces y Raúl Cimas (desternillantes, aunque su aportación sea mínima, anecdótica y sin acreditar). De hecho, nos quedamos con ganas de ver más allá del tráiler de Dark sky: The third wave, un claro guiño al cine dentro del cine o quizás un último coletazo de la anterior película del director, Extraterrestre.
En cualquier caso, Open windows (como en su día Los cronocrímenes), es amena, entretenida y sorprendente, no va a defraudar a los (por suerte, cada día más numerosos) seguidores de Vigalondo, quien gracias a esta peculiar narrativa ha conseguido una tercera película con gran proyección internacional.

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