NOCTURNA 2014. ‘Viy’: Fantasía excesivamente rusa

Las críticas de Óscar M. en Nocturna 2014: Viy
Los espectadores que no estén familiarizados con la específica narrativa cinematográfica rusa de ciencia ficción y fantasía se van a llevan una gran desilusión cuando acudan a ver Viy.
Y es que la película es el máximo exponente que nos llega este año de cómo hacen las películas fantásticas y de terror en Rusia, como ya demostraron estrenos taquilleros como Guardianes de la noche y Guardianes del día: una estructura argumental tan peculicar que hay que verla con total atención y sin distracciones.

Como si se tratara de una matrioska, Viy está compuesta por diferentes historias, unas dentro de otras, algunas paralelas a la acción principal y otras independientes, y está plagada de flashbacks, saltos argumentales e hilos narrativos que se van resolviendo según la historia principal (o según dónde se encuentra físicamente el protagonista, hilo conductor de los diferentes relatos).
Basada en un cuento popular, está ambientada en una pequeña aldea en mitad de los Cárpatos, y protagonizada por un cartógrafo (inventor de una peculiar maquinaria) que viaja por los lugares en su afán científico. La aldea está habitada por unos curiosos personajes que han sufrido el fallecimiento de una joven y el acoso de unos seres extraños que ellos afirman ser diabólicos.
La escenografía podría compararse con propuestas más americanas rodadas en lugares europeos, como la última versión de Van Helsing o Hansel y Gretel: Cazadores de brujas: pueblos peculiares, rodeados de bosques y montañas con construcciones imposibles según la orografía, lo que ayuda a crear la ambientación fantástica del siglo XVIII que se pretende.
De hecho, la historia intenta acercarse al planteamiento de estas adaptaciones hollywoodienses e incluso podría ser el equivalente ruso a El secreto de los hermanos Grimm, con un planteamiento cercano al cuento y una explicación final mucho más “terrenal”.
Quizás este sea el mayor fallo de la película: narrar una historia fantástica durante más de dos largas horas de manera altamente compleja (por la narrativa autóctona) para que la resolución sea excesivamente fácil (desafortunadamente hay referencias a la tramposa El bosque, de M. Night Shyamalan) e incluya un resumen atando los cabos sueltos (resurrecciones incluidas).
También hay que destacar el “humor cosaco” que abunda en toda la película, con bromas sobre el vodka artesanal y sus efectos físicos y mentales sobre los personajes. Chistes locales que redondean una película poco exportable internacionalmente, pero altamente valorada y de gran éxito de taquilla dentro de las fronteras rusas.

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