NOCTURNA 2014. ‘La cueva’: No apta para claustrofóbicos

Las críticas de Óscar M. en Nocturna 2014: La cueva

Una historia clásica como la de cinco personas que se adentran en una cueva (de Formentera, en este caso) y se pierden en ella da pie a que las fobias, los miedos y lo peor del interior del ser humano salga a la luz. El mayor terror para el hombre es lo que está en su cabeza.
Aunque ya hemos visto otras películas de planetamiento similar (como The divide o más recientemente Beneath), La cueva es otra película de terror claustrofóbico donde la tensión (más que el terror) mantiene al espectador atado al asiento durante su duración.

Para dar realismo a la historia Alfredo Montero ha recurrido al recurso de la cámara digital en mano (por lo que puede clasificarse a la película como una más narrada con “metraje encontrado”) y aprovecha el mismo para ser bastante gráfica en cuanto a desnudos o sangre (aunque evita hábilmente ser explícita para que el espectador trabaje con su imaginación).
Al no tratarse de una historia de fantasmas o monstruos, la película se centra más en la tensión de la situación de estar perdidos en el interior de la cueva que en los sobresaltos (que los hay, aunque perfectamente dosificados para sorprender al espectador) y está tan bien escrita que se le perdonan las soluciones lógicas que se nos ocurrirían en una situación similar.
Gracias al trabajo de los cinco actores (casi todos curtidos en telefilmes, series de televisión y cortos, excepto Marta Castellote), el director ha conseguido transmitir un gran realismo en la película, evitando las conversaciones estúpidas o los lugares comunes en este tipo de producciones. De los cinco protagonistas el menos creíble es Xoel Fernández (por su excesiva y detallada dicción, quizá por ello es el portador de la cámara y es el que menos tiempo está en pantalla), pero no desentona lo suficiente como para ser molesto y el resto del reparto compensa muy bien su trabajo.
La película está tan bien elaborada que la sensación de agobio tarda en desaparecer una vez que el espectador abandona la sala, manteniendo la claustrofobia y el miedo a los semejantes, y la búsqueda de una salida que permita pensar en otra cosa.
La cueva es el claro ejemplo de que en España con un buen guión también se puede hacer una buena película de terror sin contar con muchos medios o un gran presupuesto. Muchos deberían aprender de Javier Gullón y Montero cómo redactar un buen guión de terror y no perecer en el intento.

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