Crítica de ‘10.000 Km’: Tú a Barcelona y yo a Los Angeles

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: 10.000 Km

Casi me parece mentira que existiera un tiempo en que nuestra vida no girase en torno a Internet, los smartphones, las vídeoconferencias, el Facebook y demás inventos del demonio. Recuerdo las primeras relaciones -ya fuesen románticas, o simple amistad- que sonaban a locura, ¿cómo ibas a encontrar el amor al otro lado de la pantalla? Sin embargo, ahora nadie duda de las facilidades que este mundo tecnológico, casi global, nos concede a la hora de relacionarnos. ¿Pero puede Internet mantener vivo un amor ya consolidado?

10.000 Km trata de una relación a distancia, como ya hicieron otros títulos como Still crazy o Salvando las distancias, pero convirtiendo a Internet en casi un tercer personaje, tan útil manteniéndoles en contacto como socavando aun más las brechas de la relación. 

La cinta comienza con Alex y Sergi haciendo el amor en su apartamento en Barcelona, con sus planes de futuro y su vida bien cimentada. Sin embargo, Alex ha recibido una beca de seis meses para realizar un proyecto de fotografía en Los Ángeles. A partir de ese momento la pareja deberá demostrar si esas bases tan sólidas en las que se aguantan están reforzadas de cemento o de simple arena.

El director Carlos Marques-Marcet se estrena en el largometraje con este título que, en menos de hora y media, consigue hacernos partícipe de una intimidad aparentemente incorruptible, que nos lleva a saborear el agridulce de la distancia, sin dejar de sonreír ante los momentos de humor, que son muchos y deliciosos, al mismo tiempo que plantea hasta qué punto estamos dejando que la tecnología impere sobre las relaciones sociales, sentimentales y sexuales. 

El guión, escrito por él mismo en colaboración con Clara Roquet, con la que ya colaboró en Mateix lloc, mateixa hora, se sirve de Internet como herramienta de comunicación. Y al trabajo de cámara, hay que añadirle planos de las vídeoconferencias, los chats y los emails, que enfatizan la angustia que supone depender de un instrumento tan frío para calentar algo tan vivo como el amor.

Cabe destacar también el trabajo de la directora de fotografía, la danesa-americana Dagmar Weaver-Madsen, que se vale de esos espacios cerrados, esos dos apartamentos separados por un océano, para intensificar la sensación de intimidad, más allá de la escena de sexo inicial y final, que recuerda a las escenas de interior de Linklater.

10.000 Km bien podría ser una obra de teatro. Con sus dos únicos protagonistas soportando hora y media de brillantes diálogos, estamos ante una película de actores. Natalia Tena (Harry Potter y la órden del Fénix, Juego de tronos) en el papel de Alex brilla de tal modo que su interpretación le valió el premio a la mejor actriz en el pasado Festival de Málaga. Junto a David Verdeguer, que tiene una larguísima trayectoria televisiva y que ya había trabajado con Marques-Marcet en Mateix lloc, mateixa hora, crean un dúo perfecto que se ha visto recompensado con el premio a mejor pareja cinematográfica en el Festival SXSW. Verdaguer hace un trabajo espléndido en su interpretación del abnegado Sergi, un personaje lleno de matices, con tantas luces como sombras. 

Una película de emociones controladas, que no reprimidas, amarga, que no lacrimosa, divertida, que no cómica. Y que demuestra que en este país, con un buen equipo, un brillante guión y talento interpretativo, poco importa el bajo presupuesto; se sigue pudiendo hacer buen cine.

2 comentarios en “Crítica de ‘10.000 Km’: Tú a Barcelona y yo a Los Angeles

  • el 21 mayo, 2014 a las 13:07
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    Sin lugar a dudas tiene el mejor plano-secuencia (de 25 minutos, ni más ni menos) de la historia del cien español, magníficamente interpretada por sus dos protagonistas… y eso no bebo mucho del cine español últimamente. Salu2 a to2.

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  • el 30 agosto, 2014 a las 09:02
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    Un tema candente con una pareja espectacular de actores que hace que más que una película parezca que estás asistiendo a un "gran hermano" de una pareja que podría vivir justamente en el piso de al lado…

    (PD. Hay algunas inexactitudes en tu post como el tiempo y por qué se traslada. Independientemente de eso, coincido bastante con tu opinión)

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