Crítica de ‘Metro Manila’: Pugna entre la supervivencia desesperada y la honradez

Las críticas de Carlos Cuesta: Metro Manila

Metro Manila nos invita a un accidentado y problemático viaje a uno de los barrios más violentos y peligrosos de Filipinas. En ese trayecto acompañamos a un matrimonio y sus dos hijas menores, emigrantes a la ciudad. No sólo están arruinados por una mala cosecha sino que además sus pretensiones se ven defraudadas nada más empezar en un entorno despiadado, violento y mísero que pondrá a prueba su resistencia. Gracias a Dios esta penosa tragedia tiene más ingredientes que la denuncia social y se solidifica con una mezcla proporcionada de intriga y acción. Sean Ellis manipula con acierto los mecanismos del sentimiento, la visceralidad y la sorpresa para ofrecerle al público un desarrollo y conclusión inesperadas.

La única referencia que conocía del director Sean Ellis hasta el momento era la original y entretenida Cashback, pero el comienzo de la película me dejó claro que nada tenía que ver una cosa con la otra. La mujer protagonista (Althea Vega) se verá forzada a trabajar en un prostíbulo para llevar dinero a casa y a dejar a sus hijas en el club mientras su marido (Jake Macapagal) logrará hacerse con un peligroso puesto en una empresa de seguridad de transportes blindados.

Metro Manila no es un film asombroso de brillantes actuaciones ni su argumento absolutamente original pero es capaz de situar personajes muy creíbles en situaciones que despiertan nuestra empatía sin limitarse a dibujar un retrato de la miseria. El ritmo lento y angustioso de la parte inicial de la película no llega a ser desesperante y finalmente la trama enlaza las penurias de la familia con una violenta y peligrosa historia sobre ambición, miedo, violencia y honradez, sin emplear parches ni sucesos forzados. La única pirueta es un cebo envenenado de evidencia colocado por el director que el espectador puede llegar a morder sin excesiva dificultad.
La historia discurre por un camino acertado sembrado de situaciones límite, como la decisión de la mujer de aceptar el trabajo en el club; la historia afortunadamente no se recrea en ello ni es demasiado morbosa y nos muestra escenas de mucha dureza sin llegar a torturarnos. Paralelamente, mientras se va desenvolviendo la trama en torno al marido y la empresa de seguridad se nos hace partícipes de la tensión que sufren estos trabajadores y se nos presenta la violencia como un ciudadano más del distrito de Metro Manila.

En este ambiente, el padre de familia está dispuesto a jugarse la vida para mantener a su familia. Un tatuaje que lleva en el brazo y que recuerda su pasado militar en infantería le abre las puertas de este empleo. John Arcilla interpreta a su mentor en el oficio, una persona que le da todo tipo de facilidades y le prepara psicológicamente para el hecho de que antes o después terminarán por robarle. Es lo más parecido a un amigo que ha tenido hasta el momento en una ciudad en la que todos quieren aprovecharse de todos y, en efecto, es evidente que la amabilidad de su compañero no es gratuita ni desinteresada. 


Me gustó mucho la manera en que el personaje protagonista accede a ese empleo, cómo la película transmite la inquietud de estas personas que se juegan diariamente la vida y la tentación de hacerse con la mercancía que transportan para salir de la miseria. Para lograrlo se vale de escenas de acción bien repartidas ejecutadas con un realismo que no desentona en el contexto del film. Y aunque decía que ésta no es una película de brillantes actuaciones sí lo es de interpretaciones sobresalientes.

Es cierto que el tramo final de Metro Manila puede dejar al espectador un tanto confundido. El estilo de la película cambia drásticamente como si saltara de un género a otro y se apropia obligadamente de un angustioso tempo de carrera y tiroteo en el que el destino inevitable se hace realidad. No debe tenerse esto como un defecto sino como una virtud. Al final, la obra en su conjunto es más que satisfactoria.

Nota: Crítica recuperada y editada de su primera publicación con motivo de su proyección en la 58 SEMINCI.

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