Crítica de ‘Gravity’: Emociones ingrávidas en el silencio del espacio

Las críticas de Miguel Moreno: Gravity


Lo último del director Alfonso Cuarón tiene en vilo a toda la industria, y a la prensa alabando sus virtudes, además de a la mayoría de espectadores y cinéfilos subrayando sus hallazgos. Pues bien, tienen razón, debo decirlo: Gravity es una experiencia sensorial que ningún espectador debería perderse, y una película que debería ser vista en formato 3D para poder apreciar toda su riqueza.

Al igual que Avatar, de James Cameron, supuso un hito y una revolución en la forma de disfrutar del cine, Cuarón da un paso adelante y nos regala una experiencia que hace que vivas tu propia odisea espacial en una sala de cine. Si bien debo reiterar que el hecho de visionarla en tres dimensiones se convierte en algo imprescindible para sumergirte en ella, no es sólo ese su punto fuerte. Cuarón hace gala de una narrativa sumamente ágil y de un manejo del tiempo que hace que una película como esta nunca resulte anodina, y créanme cuando digo que en manos de otro director habría sido fácil caer en esto.

En Gravity no hay tiempos muertos. Siempre está pasando algo. Y lo mejor de todo, te ocurre a ti. Sandra Bullock en el papel principal, que nunca ha sido santo de mi devoción debido a los derroteros que tomó su carrera, ofrece aquí su mejor cara. Sufrimos con ella, lloramos con ella, reímos con ella y respiramos con ella. Ese es el prodigio de Alfonso Cuarón, la experiencia definitiva en el espacio exterior. Con unas tomas tremendamente espectaculares de la tierra, de cada detalle, de las estaciones espaciales, y unos planos secuencia sencillamente magistrales, nos gana. La experiencia no puede ser mejor ni más inmersiva. No se ha rodado nada parecido hasta la fecha, y Gravity es la pionera de algo que tiene muchísimo potencial, y lo demuestra a puertas abiertas. La excelencia visual de la que hace gala no tiene precedentes, y el mimo que se ha puesto en este aspecto es palpable en todo el metraje.

Como compañero de fatigas en los devenires en los que se ve envuelta nuestra astronauta, tenemos a un acertadísimo George Clooney en el papel del experimentado astronauta Matt Kowalsky, que a pesar de no gozar de excesivo metraje en el film, sí llegamos a cogerle cierto cariño, y resulta el tándem perfecto para Bullock. Cabe destacar que desde el primer minuto que comienza nuestro “viaje”, no tendremos tiempo para un sólo respiro. La acción tiene su justa medida, y los momentos de calma están medidos de forma exquisita. Todas las escenas en las que “literalmente” estamos dentro del traje de la protagonista, y vemos lo que ella ve, tocamos lo que ella toca y nos agarramos a lo que ella se agarra, son dignas de mención. Gravity posiblemente no es una película sobre el espacio, es LA película sobre el espacio. Su gran baza no es su excepcional factura técnica, ni el acertado uso de la música. Ni siquiera el papel de Bullock como la astronauta Ryan Stone. Son las sensaciones que provoca las que la hacen grande. Nunca el espacio estuvo tan vivo, ni tan cerca de nosotros. El silencio juega un papel fundamental, y prácticamente cada fotograma es un regalo visual. Vuelvo a incidir en los planos secuencia de los que hace gala el film. Marca de la casa de Cuarón, y un auténtico prodigio visual para nuestro disfrute. Incluso tendremos tiempo, aunque la cinta no nos dé prácticamente respiro, de gozar de notas de humor en momentos puntuales que serán recibidas de buen agrado. 

Gravity está dando que hablar, y no es para menos. Cosechando éxitos a su paso y uniendo a la crítica internacional en alabanzas, es la película del año para muchos. Para mí, sin duda ha sido una de las experiencias mas enriquecedoras que he tenido en una sala de cine, y eso que han sido muchas. Su punto débil, pues no todo puede ser perfecto, se queda en su argumento. La historia no es precisamente original, ni es el paradigma de los guiones que ganan premios. Pero, claramente, su director ha dejado en segundo plano este aspecto para centrarse en otros, y ha sido una gran elección. Prefiere zarandear al espectador, hacerle flotar a la deriva, esperar desesperadamente que alguien conteste nuestros mensajes en nuestra frecuencia de comunicaciones, hacer que le falte el aire, que se sienta a salvo durante escasos minutos al conseguir abrir una compuerta en el último segundo y entrar en una estación espacial que parecía inalcanzable. Pues bien, bravo por Cuarón. Su experimento no podría haber salido mejor. Y al final, uno sale de la sala exhausto, satisfecho, y respira hondo. Hemos sido astronautas por el corto espacio de 90 minutos, y salimos queriendo más. ¿Quién más ha conseguido eso?

Escrita mi modesta crítica, dejad que os dé un último consejo de un amante del cine. Id a verla, a cualquier sala en la que sea proyectada en formato 3D. La pantalla, cuanto más grande mejor. Dejaos llevar por la magia que propone Alfonso Cuarón, Sandra Bullock y George Clooney. Enfundaos el traje, comprobad vuestro nivel de oxígeno, y poned en marcha la cuenta atrás de vuestro reloj en 90 minutos. Respirad hondo, admirad las vistas. Vivid la aventura espacial.

Ya me contaréis. 

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