58 SEMINCI. Spanish Cinema. ‘Gente en sitios’: La normalidad supera la ficción

Las críticas de Carlos Cuesta en la 58 Seminci: Gente en sitios

Una pareja sentada a la mesa en un restaurante hace su pedido al camarero y éste les toma nota y se extiende, indefinidamente, redactando una lista interminable que desespera a los comensales y te hace reír de pura tensión absurda; dos ladrones entran en una casa hasta tal punto desordenada que friegan los platos y pasan la aspiradora; el entorno de un joven se reúne para forzarle a reconocer que es gay sin que sepa de verdad a qué se refieren. Decenas de historias así se suceden en Gente en sitios provocando nuestra complicidad y demostrando, por alusiones, lo parecida que es la vida a una sucesión de meteduras de pata y enfrentamientos con la vergüenza.
El director Juan Cavestany aseguró en el encuentro posterior a la proyección que el punto de partida no era demostrar que las fronteras de lo normal son algo muy difuso, pero lo termina logrando. Lo hace gracias a la exposición de situaciones que nos recuerdan a algo, ordenadas según una intuición particular, la misma que le hace acertar con el planteamiento de las escenas, logrando esa típica sensación de entusiasmo que provoca un monólogo cuando lo escuchamos y pensamos que también nos ha pasado a nosotros. El humor, la angustia, la inquietud y lo surrealista se dan cita en una producción poco convencional.

Es difícil buscar a alguno de los actores más populares del momento y no encontrarlo en esta película (están Maribel Verdú, Antonio de la Torre, Raúl Arévalo, Alberto San Juan, Tristán UlloaAdriana Ugarte o Santiago Segura entre muchísimos otros). Seguro que nunca termina de explicar del todo cómo ha logrado captarlos a todos ellos (él realizador dice que con mucha educación) para esta sucesión de minihistorias que se descuelga del concepto de película y se revuelca en el low cost. Algo que se nota en la mala sonorización de las primeras escenas y una falta de unidad en la imagen. Eso tiene por contra una ventaja, si se puede llamar así; permite al director no parecer presuntuoso.
Analizar Gente en sitios puede llevarte a decir muchas tonterías, a buscar motivaciones donde no existen o tratar de concluir más que lo que pretendió el responsable de la criatura. Lo que sí es cierto es que te deja la sensación de que las personas nos preocupamos demasiado de lo que los demás piensan de nosotros, en aparentar que somos más de lo que somos o en tomarnos demasiado en serio. La manía de meternos en la vida de los demás y el conflicto acerca de hasta dónde podemos imponerle a otro nuestra normalidad está también muy presente en varias de las secuencias. 
De la absurdez cotidiana a un poético pasaje de Kafka hay un paso y aquí demuestra; de una profunda reflexión sobre lo poco humanos que somos a meter la pata con una broma que se va de las manos también. Te hace pensar que algún pensamiento que creías tan profundo se vuelve estúpido a los ojos de otro que no tiene las mismas referencias que tú; a veces la tontería más gorda revela un problema de fondo o algo trascendental. Desde luego, describir las cosas en voz alta antes de hacerlas permite evitar muchas sandeces.
El humor, lo fantástico y lo terrorífico incluso se mezcla en Gente en sitios para recordarnos que la mayor parte de nuestros quebraderos de cabeza son provocados por el miedo al rechazo y a lo ridículo.

Esta producción es sobre todo una manifestación de la vida. Una experiencia y yo diría también que un experimento. El contexto de un festival de cine ayuda a que la idea se acepte, pero si busca exhibirse en salas en el circuito normal de estrenos más valdría avisar a los espectadores de lo que van a ver. Entrar al cine un sábado por la noche buscando una película convencional y encontrar Gente en sitios puede suponer que alguno salga a la calle bastante cabreado.

Creo que esta producción tiene que servir como estímulo a la gente que tiene algo diferente que mostrar y no lo exhibe, o no se atreve a desarrollar su proyecto porque cree que no va a ser aceptado (está en la propia base de la película. No hay que tener miedo al ridículo porque éste se presenta cuando quiere y seguramente cuando uno se planta más digno, así que mejor atreverse). Cavestany vive en esta onda y misteriosamente le funciona (lo suyo no es sólo talento) y después de varios largos tiene el descaro de presentarle esta “movida” al productor de Lo Imposible, Enrique López, y se la llevan juntos al Festival de Toronto. Ole.
Esta propuesta es ante todo una reflexión absurda y humorística sobre la vida, de esa vida que nos obligamos a vivir solemne, que a veces es poética pero a veces es una tontería. Cada día ocurren nuevas escenas de Gente en Sitios. En el coloquio con Cavestany lo decía una señora: “Durante la película me he salido porque tenía una necesidad y me ha pasado algo que podía ser de tu película”, decía la mujer mientras a la gente le entraba la risa con la historia. El mismo director hablaba de una estúpida situación reciente en la que se cayó en el baño y no podía levantarse, como una tortuga boca arriba. Pues eso.

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: