58 SEMINCI. Sección Oficial (corto). ‘Boles’: Hay gente empeñada en que la vida les ocurra a otros

Las críticas de Carlos Cuesta en la 58 Seminci: Boles

El cortometraje animado de la eslovena Spela Cadez no sólo hizo su aparición para competir por premio en la Sección Oficial sino que hizo de buen telonero de la proyección posterior. Boles despertó las risas y el interés por la historia de un solitario ciudadano que se cruza por casualidad con su vecina, una despistada, tierna y jovial prostituta de más edad que él. Primero le invita a pasar a su piso a tomar una copa y él rechaza el ofrecimiento y más tarde le pide que escriba una carta para su amante. El hombre accede pero se enfada terriblemente cuando al día siguiente ella vuelve para que le redacte también la respuesta que debería recibir de su pareja.
Boles recurre a un humor sencillo y directo y a la fantasía del subconsciente y los sueños para hablarnos de soledad, de vocaciones frustradas y del miedo a abrirse a otras personas. El personaje protagonista se muestra educado, sólo lo estrictamente necesario, a la hora de devolver las llaves que su vecina ha dejado colgando del buzón y más tarde reacciona molesto ante la petición de que le escriba una carta a máquina. Sin embargo, la presencia de la mujer ha picado su curiosidad. De hecho, por algún motivo al retirar los libros de su estantería se encuentra con que no hay tabique que separe los dos pisos.

Spela Cadez demuestra mucha imaginación a la hora de escenificar el miedo del personaje protagonista al papel en blanco y al fracaso a través de varias escenas: la máquina de escribir se vuelve contra él y escupe el papel que le colocan encima; trata de escribir pero sus dedos se vuelven blandas tiras de plastilina inútiles para pulsar las teclas. Parece además los libros se han convertido en un muro entre él y el resto del mundo. Más allá de esos volúmenes no hay nada, no hay pared, está la vida. Supongo que esa es una de las metáforas que Maxim Gorky quiso construir en el relato corto en el que se basa el cortometraje.
Boles está construido con doce minutos amenos armados con cariño y mucho trabajo (lo dijo ella misma a la hora de presentar su obra) que se resuelven de forma curiosa. Parece decirnos que las oportunidades hay que cogerlas cuando se presentan, que si se quiere algo no se puede renunciar a ello cuando viene y más aún, a veces la inspiración llega y no nos damos cuenta porque estamos demasiado ocupados buscándolo. Quizá sólo retrate una vida triste que se alimenta a sí misma con el único condimento de la frustración. Quiero pensar que no.

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