Crítica de ‘Mud’: McConaughey y su perfecto papel de perdedor mundano

Las críticas de Carlos Cuesta: Mud

Jeff Nichols se vuelca una vez más con los conflictos en las relaciones de parentesco en una absorbente historia que discurre con el lento ritmo del Mississipi. En ella Matthew McConaughey se muestra sobradamente capaz de encarnar a un persona ambiguo, carismático, supersticioso, charlatán y mentiroso que conseguirá hacerse con la complicidad de dos adolescentes maquillando con medias verdades los motivos por los que escapa de la justicia. La película retrata con un pulso casi agónico el deterioro de las relaciones entre padres e hijos, entre los hombres y las mujeres, y la búsqueda desesperada de nuevos modelos vitales cuando los que nos enseñaron como válidos y normales se resquebrajan sin remedio. Esta es una nueva película sobre lealtades, sobre la fatigosa manera en la que la ingenuidad da paso al descubrimiento por pura supervivencia.
El relato de Mud comienza cuando el joven Ellis (Tye Sheridan, El árbol de la vida) encuentra junto a su amigo Neckbone un bote que la crecida del río ha dejado encajado en lo alto de un árbol de una isla aparentemente inhabitada. Un hombre solitario que vive dentro de la embarcación reclama la ayuda de los dos chavales para conseguir suministros. Él les cuenta que no puede abandonar el lugar hasta que llegue una mujer a la que espera (Reese Whitherspoon), pero el despliegue policial en el entorno del pueblo les obligará a hacer preguntas. Mud no niega haber matado a un hombre pero asegura que lo hizo para defender a la chica de la que siempre estuvo enamorado. Ellis decide ayudarle con todas las consecuencias; quiere creer que el amor incondicional es algo posible en un momento en el que su vida se desmorona por la inminente separación de sus padres. Su amigo se verá arrastrado a compartir esta aventura aunque está convencido de que Mud les miente y se está aprovechando de ellos
Pese a la calma irrenunciable con la que se desarrollan los acontecimientos, la intriga echa raíces en la atención del espectador que desea conocer la historia del personaje central y hasta qué punto Mud es sólo un hombre condenado a ser un perdedor o si es un tipo malvado que corrompe a los muchachos sin importarle su suerte. Matthew McConaughey es el eje esencial de una historia que nos habla de vidas imperfectas lastradas por decisiones erróneas y de ilusiones que nacen, se apagan y se olvidan. Cuando un joven comienza a hacerse adulto aumenta la importancia de sus elecciones, los conceptos de bien y mal se difuminan y en ocasiones juzga con excesiva dureza a las personas sin saber cómo algunas de ellas llegaron a ser quién son, a su pesar.
La naturalidad de los personajes más jóvenes hace posible que nos creamos este viaje iniciático. Ellis parece hipnotizado por el aura resuelta de hombre de mundo que envuelve a Mud, mientras Neckbone se muestra más asentado e inmune a los sortilegios y palabrería de este hombre, quizá porque las dificultades personales y el hecho de ser huérfano le han espabilado antes. Sin embargo Ellis necesita afianzar sus propias ideas acerca de lo que es la vida y satisfacer ciertas carencias afectivas con un nuevo modelo paterno, ya que su padre es una persona áspero, alejada, exigente y gris.
Por otro lado, la película es capaz de mostrarnos diferentes visiones de la mujer sin llegar a encasillarlas en un mismo molde. En un primer momento puede parecer que el relato transporta un mensaje misógino acerca de la culpabilidad de las mujeres en el deterioro de las relaciones conyugales, pero resuelve esta cuestión de una forma sensata. Juniper (Reese Whiterspoon) es casi un arquetipo de una hermosa mujer echada a perder por su incapacidad de apartarse de los hombres problemáticos, pero finalmente alcanza un sorprendente grado de humanidad gracias a un buen guión sumado a una buena interpretación. Sarah Paulson logra un estupendo papel como madre de Ellis al personalizar la frustración y el hastío de una mujer infeliz que no está dispuesta a continuar con una existencia mustia y exigente.

La puesta en escena de Mud resalta la dureza de la vida cuando depende tanto del entorno natural y ensalza la soledad intimista de inmensos espacios aparentemente vacíos. Sin embargo, el planteamiento enredado y doloroso que nos ofrece de las relaciones humanas las hace parecer más amenazadoras que la propia naturaleza; el fugitivo aislado lo es más porque es incapaz de asumir la realidad en que vive más que por el hecho de estar escondido y fuera del alcance físico de los demás.

Este afortunado planteamiento se enriquece con unos diálogos que dibujan el contorno de los personajes y del lugar que habitan. Decide con acierto cuando es necesaria la palabra, ajustada a los cerrados modos sureños, y sabe cuándo es más acertado el silencio; también cuándo esa quietud monótona, asfixiante y desesperanzadora debe ser transformada por los acordes de una discreta pero solemne banda sonora cargada de autenticidad.

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