Crítica de ‘Trance’: Los enrevesados recovecos del cerebro humano

Las críticas de Óscar M.: Trance
La mente humana es una fuente de información tan vasta que ha dado para escribir y producir prácticamente casi todo lo que vemos y tenemos a nuestro alrededor en los últimos dos millones y medio de años.
La imaginación caracteriza y diferencia al ser humano por encima de los animales que habitan este planeta, aunque compartimos con ellos la capacidad de memorización y el almacenaje de información en nuestro cerebro.

El cerebro humano es capaz de inventar, alterar, cambiar, equivocar, mentir y maquillar la realidad a nuestro antojo, consciente o inconscientemente, todo depende de cómo nos interese interpretar lo que nos rodea. Y para descifrar y aprender de su propio cerebro el hombre ha inventado la psicología y la hipnosis, para descubrir lo que nuestro cerebro rechaza y modifica porque no se adapta a su “realidad”.

Con todo ésto como punto de partida, Danny Boyle vuelve al cine con una de sus mejores películas, con un enrevesado y complicado guión, con un excelente y característico montaje basado en la música que acompaña a las imágenes, donde el espectador se verá cuestionando en todo momento si lo que está viendo es realidad o es el fruto de la fracturada mente del protagonista.
Trance es una entretenida película en la que se juega (para bien) con la mente del espectador, y le deja use la memoria, la percepción y la delgada línea entre realidad y ficción. Boyle ha orquestado una película que está a la altura de Memento, Plan oculto o Expiación. Más allá de la pasión, películas que muestran una realidad sesgada, permitiendo que el espectador interactúe e intente adivinar la verdad de la historia.
Este recurso ha sido muchas más veces explotado en el cine y la televisión, y es un arma de doble filo muy peligrosa: si la película hace partícipe al espectador y es “legal” a la hora de ofrecer los hechos, el espectador se sentirá satisfecho si adivina la resolución o sorprendido si se equivoca.
Sin embargo, hay que evitar ofrecer una información incorrecta o permitir que el espectador la valore como cierta y fundamente su conocimiento sobre la historia en esa mentira, puesto que se corre el riesgo de que, al conocer el resultado real, el espectador se sienta engañado y manipulado, rechazando lo que acaba de ver, cuyo máximo exponente podría ser el cine de M. Night Shyamalan posterior a El sexto sentido.
Por suerte para todos, Boyle dirige con maestría el argumento, a los actores y al propio espectador, para llevarlo a su terreno, jugar con él, permitirle que invente y cree vínculos entre los protagonistas y rellene los huecos que va dejando vacíos la memoria del protagonista.
Volviendo atrás y adelante en el tiempo, ofreciendo retazos del pasado, para que uno imagine visiones del futuro (que son ecos del pasado), pero que permitirán crean una idea completa de lo que el director quiere transmitir: la profundidad de la mente humana y las múltiples mentiras con las que vivimos cada día, alterando y modificando nuestra percepción de la realidad que nos rodea para acomodarla a nuestros intereses.
Trance tiene los mejores ingredientes del cine de Danny Boyle (similares a los del cine de la primera etapa de David Fincher, usando los efectos ópticos y especiales al servicio de la historia), un montaje incesante, coherente y elocuente y una música de Rick Smith que se está convirtiendo en marca de la casa.
Todo para presentar una película que hace que el espectador deje de serlo como tal y se convierta en un protagonista más de una trama en la que nadie o nada es lo que parece, todo depende de cómo queramos o deseemos que sea, según nuestro interés y según queramos resolver el planteado y enrevesado enigma.

También te puede interesar

Un comentario sobre “Crítica de ‘Trance’: Los enrevesados recovecos del cerebro humano

  • el 19 junio, 2013 a las 8:17 am
    Permalink

    He leído tu crítica después de ver la película y coincido. Me gusta cómo has escrito tus conclusiones. Muy acertado.

    Respuesta

Deja un comentario